
El yogur griego es una variante del yogur tradicional que se caracteriza por su textura espesa y cremosa, así como por un sabor más intenso y ligeramente ácido. Su consistencia más densa se logra gracias a un proceso adicional de colado, en el que se elimina gran parte del suero líquido presente en el yogur común. Esta técnica no solo modifica la textura, sino que también concentra sus nutrientes.
Este yogur contiene más proteínas y menos carbohidratos que el yogur regular, lo que lo convierte en una excelente opción para quienes buscan una alimentación equilibrada.
Además de sus beneficios nutricionales, el yogur griego es muy versátil. Se puede consumir solo, con frutas, miel o frutos secos, o utilizarse como base en salsas, aderezos y postres.
Aunque está disponible en cualquier supermercado, prepararlo en casa es sencillo, económico y permite controlar los ingredientes, evitando aditivos o azúcares añadidos.
Yogur griego
Ingredientes
- 1 litro de leche entera
- 2 cucharadas de yogur natural sin azúcar

Preparación
- Vierte la leche en una olla y caliéntala a fuego medio hasta que alcance unos 85 °C. Si no tienes termómetro, espera hasta que veas burbujas pequeñas alrededor sin que llegue a hervir. Luego, deja que se enfríe hasta los 43–45 °C.
- Una vez que la leche esté tibia, añade las dos cucharadas de yogur natural y mezcla bien para incorporar los cultivos.
- Cubre el recipiente y mantenlo en un lugar cálido durante 6 a 12 horas. Puedes envolverlo con una toalla y dejarlo dentro del horno apagado (solo con la luz encendida) o usar una yogurtera. Cuanto más tiempo repose, más espeso y ácido será el resultado.
- Coloca una gasa o paño limpio sobre un colador grande y vierte el yogur. Déjalo escurrir entre 2 y 4 horas, según la consistencia deseada. El líquido que se elimina es el suero.
- Guarda el yogur griego en un recipiente hermético en la nevera y consúmelo en un plazo de 7 días.
Vía Diario 2001