Shigeru Miyamoto le dio bigote porque era difícil dibujar una boca en pocos píxeles, y una gorra porque el pelo era complicado de animar. Lo que nació como una solución creativa en Donkey Kong evolucionó rápidamente. Con el lanzamiento de Super Mario Bros, en 1985, el icónico plomero rescató a la industria del videojuego tras el crash del 83, estableciendo las reglas de oro del género de plataformas.
Hoy, Mario es tan reconocible como Mickey Mouse. Su salto al cine con The Super Mario Bros. Movie demostró que su universo es un gigante del entretenimiento transmedia. Representa la alegría pura, la curiosidad y la resiliencia: no importa cuántas veces caiga en un foso, Mario siempre vuelve a intentarlo con un «Let’s-a go!».
Si algo hace superior a Mario es su relevancia, que no se debe solo a la nostalgia, sino a su capacidad de reinventarse:
- La Revolución 3D: Con Super Mario 64, definió cómo debía ser el movimiento en tres dimensiones, un estándar que todos los desarrolladores siguieron después.
- Versatilidad total: Ha demostrado que puede ser el mejor corredor de karts, el mejor tenista, un luchador formidable y hasta un maestro del RPG.
- Accesibilidad: La filosofía de «fácil de aprender, difícil de dominar» ha mantenido a abuelos y nietos jugando frente a la misma pantalla por 45 años.
A sus 45 años, Mario no muestra signos de fatiga. Ha pasado de ser un puñado de píxeles a ser el embajador mundial de la diversión. Mientras exista un botón para saltar, habrá un lugar para Mario en el corazón de los jugadores.
Vía Globovisión