Jim Carrey, uno de los comediantes más influyentes de Hollywood, sorprendió al revelar que su inconfundible sentido del humor no surgió por casualidad ni únicamente por vocación artística. Detrás de sus gestos exagerados y carcajadas memorables, existe una historia profundamente humana: la necesidad de hacer reír a su madre, quien enfrentaba episodios de depresión durante su niñez.

La infancia que moldeó al comediante
Desde muy pequeño, Jim Carrey entendió que el ambiente en casa no siempre era ligero. Su madre atravesaba momentos de profunda tristeza y problemas de salud emocional, una situación que impactó directamente en la dinámica familiar. Ante ese panorama, el joven Jim encontró en el humor una herramienta para cambiar el ánimo del hogar, utilizando imitaciones, muecas y ocurrencias con un solo objetivo: verla sonreír.
El propio actor ha explicado que, sin darse cuenta, empezó a desarrollar una habilidad especial para observar, exagerar y transformar la realidad en algo cómico. Lo que comenzó como un acto de amor y protección hacia su madre terminó convirtiéndose en el lenguaje emocional que definiría su personalidad y, más adelante, su carrera.
Vía Diario 2001