El Carnaval de El Callao no es una simple fiesta; es el latido de un pueblo que custodia su herencia desde 1856. Esta manifestación, nacida del abrazo entre amigos y familiares al ritmo del calipso, recibió en 2016 el título de Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco.
Su esencia es un testimonio de libertad que sobrevive al tiempo y narra la historia de quienes hallaron en esta tierra un nuevo hogar bajo el sol del estado Bolívar.

Ecos de las Antillas en suelo minero
Para realizar una remebranza de las festividades, se entrevistó al presidente de la Fundación de Ferias y Carnavales Isadora Agnes, Carlos London, quien evocó con devoción el origen de esta estirpe: “Que con la fe y la fuerza llegaron de Martinica, Santa Lucía y Granada en los brazos de hombres y mujeres de contextura firme, traídos para la dura faena en las profundidades de las minas”.
Asimismo, destacó que con ellos arribaron también las amas de llaves, especialistas en el arte culinario que transformaron la mesa y el alma del pueblo con sus costumbres y vestiduras.

El tambor que invoca al pasado
El cultor Carlos London explicó que el calipso callaoense es el alma de la celebración con su ritmo que nace de una batería de tambores donde el Bum-Bac marca el pulso del corazón del pueblo.
Detalló que las manos golpean el cuero con la destreza de los ancestros, mientras el rayo, la campana y el cuatro tejen una melodía que hoy abraza también al bajo eléctrico y los teclados.
Además, los cantos, interpretados en una mezcla de español, inglés y patuá, son el testimonio vivo de un mestizaje que se eleva hacia el cielo como un rezo de alegría.

Personajes de leyenda
Al consultar sobre los personajes que son característicos de esta manifestación, London mencionó que en las calles de El Callao, el tiempo se detiene ante el paso de Las Madamas, las cuales representan la autoridad y el matriarcado: “Son las matronas que guiaron la casa y la fe. Nombres como la Negra Isadora y Lulú Asanta permanecen grabados en la memoria como las guardianas de este corte afroantillano”.
Igualmente, dijo que está junto a ellas, el Medio Pinto, el cual recorre la multitud con su rostro de hollín y su frase pícara, “medio o pinto”; mientras el Diablo abre paso entre la gente para que la fantasía avance con sus colores brillantes.

Un idioma que se resiste al olvido
Respecto al idioma, Carlos London mencionó que en El Callao se habla el patuá, lengua dulce que resonó por más de cien años en los labios de las madamas; busca hoy su lugar en las escuelas.
Respecto a este tema, London resaltó la urgencia de institucionalizar este idioma para que los niños de El Callao fortalezcan el vínculo con sus abuelos: “Es una forma de comunicación hermosa que rinde honor a la voz de los antepasados”.
Así, entre disfraces y cantos de trabajo, El Callao demuestra que su capacidad de amar y recordar es tan infinita como el oro que duerme en sus entrañas.
Con la declaratoria de El Carnaval de El Callao como Patrimonio Cultural de la Humanidad por parte de la Unesco, a partir del 2012.

Vía VTV