La inestabilidad cambiaria y el aumento diario del dólar han generado un clima de desesperación entre los habitantes de la capital monaguense. quienes manifiestan que el costo de la vida se ha vuelto insostenible, afectando áreas críticas como la alimentación, el transporte y la salud.
Los consultados coinciden en que la velocidad con la que suben los precios impide cualquier tipo de planificación familiar. La brecha entre los ingresos y el costo de los productos básicos se ensancha cada jornada, dejando a la mayoría de la población en una situación de vulnerabilidad extrema.



«Todo está demasiado caro y uno no puede comprar nada. Todo es una sola quejadera porque no nos da nada; el sueldo no nos da para nada. Hay que hacer milagros con lo que uno tiene para completar por aquí y por allá», manifestó Gladys Hernández.
La situación no se limita únicamente a los alimentos. El sector transporte también ha registrado incrementos que impactan directamente en la movilidad de los trabajadores. Según los testimonios, el costo de los pasajes se ha duplicado en lapsos de tiempo muy breves, lo que restringe incluso la posibilidad de salir a buscar mejores ofertas.
«Todo aumenta: el pasaje, toda vaina. No puedo comprar nada porque todo aumenta el doble. Por lo menos hoy el pasaje lo pusieron a 120 y estaba a 60. Ya uno no puede salir ni a comprar comida, ni un remedio, nada», denunció Juan Campos.




Para las madres de familia, la situación es «horrible». Muchas aseguran que deben recorrer múltiples establecimientos buscando los precios más bajos, aunque la diferencia sea mínima. Además, señalan que el sistema de salud privado es inalcanzable y que la prioridad se divide dolorosamente entre comer o comprar medicinas.
«El dólar nos está ahogando, nos está asfixiando. Tengo que caminar y caminar buscando precios. Casi ropa no compro, pero la medicina y la comida es para lo que medio sobrevivimos. Nosotros no vivimos con el sueldo de aquí, vivimos con los que tenemos afuera que nos ayudan con algo», explicó Besnaida Romero.
La sensación general en las calles de Maturín es de urgencia. Los ciudadanos exigen soluciones ante una economía que, según sus propias palabras, mantiene el «sueldo por el suelo» mientras el costo de la vida sigue alcanzando niveles históricos cada día.
Fotos/Juan Goitía