En un acontecimiento que no ocurría desde el Jueves Santo de 2012 con Benedicto XVI, un Pontífice regresó a la Catedral de Roma (San Juan de Letrán) para celebrar la misa de la Última Cena. Durante la ceremonia, que conmemora la institución de la Eucaristía y del Orden Sacerdotal, el Papa León XIV realizó el tradicional lavatorio de pies a los sacerdotes más recientemente ordenados en la misiócesis.
Con este gesto, el Santo Padre envió un mensaje de humildad ante la crisis de valores actual: «Ante una humanidad abatida por tantos ejemplos de brutalidad, arrodillémonos también nosotros como hermanos y hermanas de los oprimidos», exhortó durante el rito.
El significado del servicio en la homilía
En su mensaje, León XIV reflexionó sobre el pasaje bíblico donde Jesús asume el rol de esclavo para lavar los pies de sus apóstoles. El Pontífice aseguró que este acto «purifica nuestra imagen del hombre», cuestionando la visión contemporánea de grandeza basada en el dominio.
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«El hombre se percibe poderoso cuando domina, quiere vencer matando a quien es igual a él y se considera grande cuando es temido», señaló el Papa, contraponiendo el poder mundano al servicio cristiano.
Un cambio en la tradición reciente
La elección de la catedral romana marca un matiz distinto respecto a los años anteriores. Mientras el Papa Francisco solía realizar el lavatorio de pies en entornos de marginación —como cárceles o centros de refugiados— para visibilizar a los vulnerables, León XIV ha optado por realizarlo ante el clero local.
Con esta decisión, el Pontífice busca subrayar que el ejercicio del gobierno dentro de la Iglesia debe entenderse, fundamentalmente, como un acto de servicio hacia todos los fieles.
Con información de Notitarde