El bloqueo del Estrecho de Ormuz durante la guerra con Irán se convirtió en el principal quebradero de cabeza global, al interrumpir el paso de buques que transportan aproximadamente una quinta parte del suministro mundial de petróleo y gas natural licuado (GNL).
Con el anuncio del alto el fuego de dos semanas acordado entre Washington y Teherán, todas las miradas se centran ahora en este enclave estratégico. Se abre una ventana de 14 días para que los casi mil buques atrapados en el Golfo Pérsico intenten cruzar el estrecho y el comercio marítimo mundial aspire a una cierta normalización tras seis semanas de parálisis e incertidumbre.
Sin embargo, en las últimas horas Irán volvió a cerrar el estrecho, dado que Israel ha continuado bombardeos contra Líbano.
Los armadores analizan con urgencia los detalles del acuerdo, que podría permitir la salida de más de 800 buques que llevan más de un mes a la deriva. Durante este tiempo, las tripulaciones han enfrentado un dilema constante: esperar indefinidamente o arriesgar un ataque al intentar cruzar sin la aprobación de las fuerzas iraníes.
Las aseguradoras elevaron las primas de riesgo de guerra a niveles prohibitivos, lo que redujo el tráfico a un goteo. Solo en los últimos días Teherán autorizó el paso de algunos buques de países considerados “no hostiles” (como China, Irak o Pakistán) o de otras naciones que aceptaron pagar elevados peajes.
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