A sus 66 años, Elena Salazar lidia a diario con dos batallas paralelas: el avance de la escoliosis y la osteoporosis que padece, y el colapso progresivo de su vivienda en el sector Brisas del Morichal, parroquia Las Cocuizas.
Tras cuatro décadas en la zona, la falta de recursos económicos le ha impedido reforzar la infraestructura de su hogar, el cual se anega por completo durante cada época de lluvias.

«No me puedo operar y el tratamiento es muy costoso, ronda los 50 dólares. Mi casa necesita vigas nuevas y cemento para terminar de construirse. Al llover no puedo ni pasar a mi cuarto porque se moja; la nevera, la cocina y la cama están a punto de quedar inservibles», lamentó Salazar, quien solo cuenta con la compañía nocturna de su nieta y el auxilio puntual de su hija para alimentarse.
Precariedad y abandono acorralan a la comunidad
La crisis de Salazar refleja una realidad compartida. A pocos metros, su vecino Ángel Luis García, de 67 años, enfrenta un panorama aún más severo. Incapacitado para caminar con normalidad y sin red de apoyo familiar, García subsiste únicamente con el ingreso de la pensión dentro de un inmueble en riesgo inminente de derrumbe.

«La casa de él también se moja y su rancho está a punto de caerse, no es habitable para nada. Él no tiene a quién recurrir», denunció Salazar.



Ambos adultos mayores requieren la intervención de las instituciones públicas y la asistencia con materiales de construcción para asegurar sus viviendas antes de que recrudezcan las precipitaciones en la zona.
Fotos: Arialex Brazón