La tradicional Bajada de la Santísima Virgen del Valle de su camarín estuvo acompañada no solo por el fervor de miles de devotos, sino también por una conmovedora historia de fe, salud y devoción convertida en atuendo sagrado. Este año, la Patrona de Oriente lució un vestido cargado de simbolismo, elaborado como testimonio de agradecimiento por un milagro familiar y vestido por su camarera oficial en una jornada marcada por la oración y la búsqueda de paz.
Un testimonio confeccionado con gratitud
La vestimenta que engalanó a la imagen mariana durante la emblemática ceremonia fue donada por Doña Idalina Salazar de Rojas, en representación de sus hijas, y confeccionada por la modista Emirfe Salazar Marval, ambas nativas de la población de El Guamache.
La donación del traje nace del profundo agradecimiento de la familia tras haber recibido un milagro de salud. Las dos hijas de Idalina superaron diagnósticos de cáncer en la sangre después de largos años de tratamiento médico y oración ininterrumpida.
«Para nosotros es un orgullo muy grande que ese vestido hecho con tanta pasión y con tanta humildad fue elegido para esto», manifestó con emoción Idalina Salazar.
La modista Emirfe Salazar explicó la rica simbología bordada en tonos dorados que compone la prenda, elaborada tiempo atrás en cumplimiento de una promesa familiar y posteriormente seleccionada por las autoridades eclesiásticas para la bajada.
La confección incluyó un requerimiento especial: la incorporación del color naranja, símbolo universal de la lucha contra la leucemia.
«El cáliz representa la sangre de Cristo, el logo mariano la protección de María y abajo lleva como un fondo marino», detalló Salazar Marval sobre los elementos que adornan la parte inferior de la vestidura sagrada.
Recogimiento en la preparación
Ana Carmen Mata, quien se desempeña como camarera de la Santísima Virgen del Valle tras suceder a su tía Cecilita por disposición de monseñor Fernando Castro Aguayo, compartió la vivencia espiritual de vestir a la Patrona oriental para este momento ceremonial.
Mata describió la tarea de vestir a la Virgen como un encuentro rodeado de serenidad e intimidad espiritual. «Estar al lado de la Santísima Virgen es muy hermoso, uno siente mucha paz, mucha tranquilidad», expresó, revelando además haber apreciado con detalle el rostro de la figura durante la preparación: «La vi con los ojitos muy cerrados».
Ante la coyuntura actual y los recientes eventos telúricos registrados en la región, la camarera de la Virgen aprovechó la ocasión para enviar un mensaje de reflexión y unión a toda la feligresía venezolana.
«Esto es un mensaje que les dejo al país para que recen el rosario diario», señaló Mata, instando a los devotos a mantener viva la fe y la oración constante. «Hay que rezar y pedir mucho por la paz del mundo, por la paz de Venezuela, para que todo vaya por buen camino», concluyó.
Vía El Sol de Margarita