La historia de Nuestra Señora del Valle está indisolublemente ligada al mar y al nacimiento de la venezolanidad. Hacia el año 1530, en pleno apogeo de la fiebre de las perlas, los colonizadores españoles fundaron en la isla de Cubagua la ciudad de Nueva Cádiz, la primera urbe de Venezuela. Para bendecir sus iglesias y guiar espiritualmente a sus habitantes, encargaron a España una imagen de la Purísima Concepción.
La hermosa escultura, tallada en madera y de facciones delicadas, llegó a la árida Cubagua para convertirse en el faro espiritual de un asentamiento efímero. Sin embargo, los planes divinos para la sagrada imagen eran diferentes, y la naturaleza misma se encargaría de trazar su verdadero destino.

El rugido de la naturaleza y el traslado al Valle
La riqueza de Cubagua se extinguió tan rápido como llegó. El agotamiento de los placeres de perlas y los constantes ataques de piratas debilitaron la ciudad, pero el golpe de gracia lo dio la naturaleza. El 25 de diciembre de 1541, un devastador huracán acompañado de un maremoto destruyó Nueva Cádiz, arrasando con las edificaciones coloniales.
Milagrosamente, entre las ruinas y la furia de las olas, la imagen de la Virgen quedó intacta. Ante el peligro inminente y la pérdida de sus hogares, los sobrevivientes decidieron trasladar la escultura hacia la vecina Isla de Margarita. Buscando protección de los vientos y de los corsarios, la llevaron hacia el interior de la isla, a un frondoso y seguro paraje conocido como el Valle del Espíritu Santo.
El bautismo de un pueblo y el cambio de nombre
Al llegar a su nuevo hogar, los pobladores y los indígenas guaiqueríes construyeron una modesta ermita de paja y barro para albergarla. Inicialmente, la llamaban la «Virgen de la Nueva Cádiz» o la «Purísima del Valle». Con el paso de los años, el amor popular simplificó su nombre, y los fieles comenzaron a llamarla, con profunda ternura y sentido de pertenencia, simplemente la Virgen del Valle.

Los guaiqueríes la adoptaron de inmediato como su protectora, fusionando su antigua conexión con la tierra y el mar con la fe mariana. Fue en ese rincón bendecido por la vegetación donde la Virgen echó raíces definitivas, transformándose de una imagen importada en la madre espiritual indiscutible de todo el oriente venezolano.