Carmen Elena Rendiles Martínez nació en Caracas el 11 de agosto de 1903. Sus padres, Ramiro Antonio Rendiles y Ana Antonia Martínez, formaron una familia profundamente católica de nueve hermanos. Vino al mundo sin su brazo izquierdo, pero esa condición nunca fue un límite para ella. Al contrario, forjó un carácter independiente y un liderazgo natural que marcaron primero a su familia y después a toda una congregación religiosa al servicio de Venezuela.
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Una vocación temprana
En la adolescencia superó una afección pulmonar. A los 15 años ya manifestaba un firme deseo de consagrar su vida a Dios y de dedicarse a la catequesis. Su vocación, sin embargo, no encontró puertas fáciles al principio: recorrió varios conventos antes de encontrar su lugar.
En febrero de 1927 tocó las puertas de la Congregación de las Siervas de Jesús en el Santísimo Sacramento, de origen francés. Ese mismo año ingresó al noviciado. El 8 de septiembre de 1932 emitió los votos perpetuos que la consagraron definitivamente a la vida religiosa.

Maestra, superiora y educadora
Reconocida por su sencillez, su caridad y su profunda piedad, asumió pronto responsabilidades de liderazgo. A los 33 años fue nombrada maestra de novicias y en 1947, superiora de la Casa Madre en Venezuela. Bajo su conducción, la congregación extendió su labor social y apostólica a varios estados del país.
A partir de 1942 impulsó una destacada obra educativa con la fundación de los colegios Betania, Santa Ana, Belén y Nuestra Señora del Rosario. Esa labor se completó con el servicio en las parroquias y la elaboración de hostias y ornamentos litúrgicos.
La defensa de un carisma
Uno de los momentos decisivos de su vida llegó tras el Concilio Vaticano II. El gobierno general de la congregación en Francia decidió transformarla en instituto secular, lo que cambiaba su carisma fundacional. La Madre Carmen defendió con firmeza la identidad de la comunidad.
Con el respaldo de sus hermanas y del cardenal José Humberto Quintero, arzobispo de Caracas, lideró en 1965 la constitución de la Congregación Siervas de Jesús de Venezuela. En 1969 asumió como superiora general. Hoy la congregación desarrolla su labor social en Venezuela, Colombia y Ecuador.
Sus últimos años
La Madre Carmen pasó los últimos años de su vida en silla de ruedas, sin abandonar la oración ni la cercanía con sus religiosas. Murió en Caracas el 9 de mayo de 1977. Sus restos reposan en la capilla del colegio Belén, una de las instituciones que ella misma fundó.

El camino a los altares
Su proceso de beatificación se abrió oficialmente en Caracas el 9 de marzo de 1995. El 5 de julio de 2013, el papa Francisco la declaró Venerable al reconocer sus virtudes heroicas.
A finales de 2017, la Santa Sede aprobó el milagro de sanación concedido por su intercesión a la médica venezolana Trinette Durán de Branger, ocurrido en julio de 2003. El 16 de junio de 2018 fue beatificada en el Estadio Universitario de Caracas, en una ceremonia presidida por el cardenal Angelo Amato como enviado papal. Se convirtió así en la tercera beata de Venezuela y la primera nacida en Caracas.
El segundo milagro
El paso definitivo llegó en 2025. El 28 de marzo, el papa Francisco autorizó al Dicasterio para las Causas de los Santos a promulgar el decreto que reconoce un segundo milagro por intercesión de la beata. La noticia se conoció el lunes 31 de marzo, apenas un mes después de que el pontífice aprobara la canonización de José Gregorio Hernández.
El milagro fue la curación de una mujer a la que en 2015 se le diagnosticó hidrocefalia triventricular idiopática. Según el Vaticano, tras tocar un cuadro de la Madre Carmen llevado especialmente por las religiosas, la paciente mejoró con rapidez: el 18 de septiembre comenzó a caminar y a comulgar, y expresó su deseo de ir a darle las gracias.
“Con mucha alegría toda Venezuela ha recibido hoy la noticia del Santo Padre”, dijo entonces el arzobispo de Caracas, monseñor Raúl Biord Castillo.

Santa de la Iglesia universal
El 19 de octubre de 2025, en la Plaza de San Pedro, el papa León XIV proclamó santa a Carmen Rendiles junto a José Gregorio Hernández y otros cinco beatos. Venezuela recibía así a sus dos primeros santos. La Madre Carmen se convirtió además en la primera santa venezolana.
Entre los peregrinos estaban las Siervas de Jesús de Venezuela. Una de las religiosas que convivió con ella la recordó ante Globovisión como “una mujer sencilla, humilde, llena de oración y amor. Cercana a todos, especialmente a sus religiosas”.
Un legado de servicio
La vida de Santa Carmen Rendiles es la de una mujer que no permitió que sus limitaciones físicas definieran su destino. Educadora, líder y servidora de los más necesitados, levantó una obra que sigue viva en las aulas de sus colegios y en el trabajo de sus religiosas. Su ejemplo es también un reconocimiento al aporte de las mujeres venezolanas a la Iglesia y a la sociedad.
Vía Globovisión