Con una matrícula cercana a los 300 estudiantes de educación media general, el Complejo Educativo Simón Rodríguez, ubicado en el sector Las Cocuizas de Maturín, enfrenta un severo deterioro en su infraestructura física que se prolonga desde hace más de cinco años.
La principal amenaza del plantel radica en el colapso del techo del área central y del escenario. La estructura presenta grietas profundas y cabillas expuestas, una falla estructural que provoca anegaciones críticas durante las temporadas de lluvia.

La situación se replica en la planta alta, donde las filtraciones obligaron a clausurar dos aulas de clase ante el riesgo inminente de desplome.
David Rivera, vigilante del recinto, alertó sobre la vulnerabilidad a la que están expuestos tanto alumnos como profesores.
«Faltan las barandas de seguridad en las escaleras y las cabillas del techo central están totalmente al descubierto. Cuando llueve, el patio queda sumergido. Urge que reparen las filtraciones y restituyan la cubierta».
Mantenimiento paliativo frente al abandono oficial
Ante la inacción de las autoridades, el personal docente y administrativo ha asumido por cuenta propia labores básicas de recuperación, aplicando manto asfáltico en los techos e impermeabilizando paredes con pintura donada.
Los vecinos de la zona también se organizan periódicamente para desmalezar la cancha deportiva, un espacio que, si bien permanece operativo al igual que los baños, carece de alumbrado y techado.





Pese a que inspectores gubernamentales han visitado la institución en reiteradas ocasiones con la promesa de ejecutar una rehabilitación integral, hasta la fecha los trabajos no han comenzado.
Esta crisis de infraestructura impacta directamente en la rutina escolar. Aunque el horario oficial contempla clases de 7:30 a. m. a 3:00 p. m., la jornada suele recortarse hasta las 11:30 a. m. cuando falla el servicio de comedor escolar.