Haití enfrenta una catástrofe humanitaria con 1,4 millones de personas desplazadas internamente por el terror de las bandas criminales. Según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), estas pandillas operan sin control estatal, obligando a comunidades enteras a huir para sobrevivir. A esta cifra se suman 23 mil ciudadanos expulsados desde el exterior y devueltos al país en enero, quedando en total desprotección.
El deterioro de la estabilidad política empeoró la vulnerabilidad de la población civil. Miles de familias abandonan sus hogares de forma abrupta, sin preparación ni documentos esenciales. Esta situación impide que los desplazados accedan a servicios básicos, profundizando el ciclo de pobreza generado por la violencia armada que asola al país caribeño.
La OIM enfatiza que la crisis alcanzó niveles críticos debido a la agresividad de los grupos criminales en zonas urbanas. Estos desplazamientos masivos transforman permanentemente el panorama social y desarticulan el tejido comunitario. La falta de autoridad permite que estructuras delictivas controlen territorios estratégicos, convirtiendo la seguridad en un privilegio inalcanzable para la mayoría.
En enero, organismos internacionales brindaron asistencia directa a unas 52 mil personas afectadas por el conflicto. Las intervenciones priorizaron el acceso a agua potable y saneamiento para evitar brotes de enfermedades en refugios improvisados, sin embargo, la magnitud de la tragedia supera la capacidad de respuesta, dejando a miles en condiciones de hacinamiento.
Se distribuyeron artículos de primera necesidad a 18 mil beneficiarios y servicios médicos a casi nueve mil personas. El apoyo llegó a 55 asentamientos de desplazados que carecen de infraestructura mínima para la supervivencia. Estos esfuerzos buscan mitigar el trauma de las víctimas que han perdido su patrimonio y estabilidad emocional por la violencia.
Vía | Telesur