Venimos de lo que se llamaba body positive o positividad corporal, es decir, aceptar que cada cuerpo es diferente y que cada persona tiene su cuerpo con sus matices y su talla, color o forma. Y es que así es la vida. Sin embargo, poco a poco se está volviendo a idealizar una delgadez extrema, casi rayando en algunos casos en lo enfermizo.
La delgadez de los 90 ha vuelto. Es algo que se puede ver en casi todos los ámbitos del papel couché, pero especialmente en el cine y entre las modelos, como es el caso de Ariana Grande -quien se alejará de la vida pública un tiempo por las críticas que ha recibido precisamente por su estado físico-, Demi Moore, Danna Paola, Nicole Kidman…
Paula Villapalos, psicóloga de la Unidad de Trastornos de Conducta Alimentaria del Hospital Universitario Quirónsalud Pozuelo, explica a CuídatePlus, que la evidencia científica señala que “la exposición repetida a ideales corporales muy delgados puede contribuir a aumentar la insatisfacción corporal, la comparación social y la internalización de un ideal de delgadez, especialmente en adolescentes y personas vulnerables”.
Esto no significa que el hecho de ver a personas con una delgadez extrema vaya a hacer que se desarrolle un trastorno de la conducta alimentaria (TCA), ya que estas enfermedades se apoyan en orígenes de diversa índole, en los que influyen factores biológicos, psicológicos, familiares y socioculturales. Pero está claro que influye y aumenta el riesgo “cuando un único tipo de cuerpo se presenta de forma reiterada como sinónimo de éxito, salud, belleza o aceptación social. Si las figuras públicas y las redes sociales refuerzan ese mensaje, puede aumentar la presión por alcanzar un ideal corporal poco realista o difícilmente sostenible para muchas personas”.
Famosos y medicamentos para la obesidad
Muchos famosos, como es el caso de Candela Peña, han comentado que han usado los fármacos para adelgazar (agonistas del GLP-1) para perder unos kilos bien para un papel o bien simplemente por estética y, los menos, por salud. En este sentido, Villapalos apunta que estos fármacos están creados para el tratamiento de la diabetes tipo 2 y para determinadas personas con obesidad, siempre que cumplan unos criterios médicos.
“Su utilización debe responder siempre a una valoración médica individualizada y teniendo en cuenta el estado de salud, los beneficios esperados y los posibles riesgos. Fuera de estas indicaciones, la evidencia científica actual no respalda su utilización con fines exclusivamente estéticos”, explica la psicóloga.
El deseo por estar más delgado
Ver a personas con una delgadez extrema en redes sociales o en películas como sinónimo de belleza, bienestar y éxito tiene especial impacto en adolescentes y en personas con una mayor vulnerabilidad psicológica -las personas con antecedentes de TCA, aquellos que sienten insatisfacción corporal o quienes están más expuestos a la comparación social, especialmente en redes sociales. Además, “ciertos elementos como baja autoestima, el perfeccionismo por la imagen o una mayor preocupación por el peso y la apariencia física se intensifican ante la exposición continuada a mensajes que idealizan un único tipo de cuerpo”.
Uno de los momentos de mayor riesgo es la adolescencia, un momento en el que “se desarrolla la representación mental que cada persona tiene de su aspecto físico; a esta representación llamamos imagen corporal y, aunque no es una construcción sólida y varía con la evolución de la persona, es determinante es el desarrollo de los trastornos de conducta alimentaria”, apunta Villapalos. El deseo de alcanzar ese ideal favorece la aparición de conductas de riesgo, como:
- La restricción alimentaria.
- El ejercicio físico compulsivo.
- Uso de estrategias poco saludables para perder peso.
Todo ello eleva la vulnerabilidad al desarrollo de unTCA. Por ello es fundamental que se fomente un uso crítico de las redes sociales, así como mensajes que reflejen la diversidad corporal que realmente existe, además de una idea de la salud como un todo y no supeditado a la apariencia física.
“El problema no es que existan personas con una constitución corporal determinada, sino que un único tipo de cuerpo se presente como el modelo al que todos deberían aspirar. Desde el ámbito sanitario, es importante promover una relación saludable con la alimentación, el ejercicio y la imagen corporal”, abunda Villapalos.
¿Cómo explicárselo a los jóvenes?
Es esencial, por tanto, explicarles a los jóvenes que lo que ven en redes sociales no es la realidad, por más que se venda un cuerpo delgado como el sumun de la felicidad y la salud. No se trata de transmitir que son irreales, sino que “que no son representativos de la diversidad corporal que existe en la población. Cada persona tiene una constitución, una genética y unas circunstancias diferentes, por lo que no existe un único cuerpo saludable al que todos debamos aspirar”.
También es importante que sean capaces de ver la información con un espíritu crítico y teniendo en cuenta que los contenidos que se visualizan están editados y creados para mostrar una perfección que muchas veces está lejos de la realidad. “El objetivo no es convencerles de que esos cuerpos no existen, sino de que no tienen por qué convertirse en el modelo con el que compararse. El mensaje debe ser que el valor personal y la salud no dependen de parecerse a un determinado ideal estético, sino de cuidar el cuerpo desde el bienestar físico y psicológico”.
Efectos físicos de una delgadez extrema
Más allá de que nos parezca más o menos estético, estar demasiado delgado como consecuencia de comer demasiado poco y restringir la dieta puede tener efectos sobre la salud:
- Pérdida de masa muscular.
- Alteraciones hormonales.
- Disminución de la densidad ósea (osteopenia).
- Alteraciones cardiovasculares.
- Problemas gastrointestinales.
- Alteraciones de la termorregulación.
Todo ello, puede comprometer el funcionamiento de distintos órganos e incluso poner en riesgo la vida, además de conllevar problemas de salud a largo plazo.
Vía Cuídate Plus