En un ambiente cargado de espiritualidad y esperanza, los fieles barquisimetanos se han congregado en el Santuario de Santa Rosa para rendir tributo a la Divina Pastora. Ante la proximidad de su procesión número 168, los testimonios de fe resaltan el impacto emocional y espiritual que la imagen de la Virgen María tiene sobre la comunidad.
Para los habitantes de Barquisimeto, la «Pastora de Almas» no es solo una tradición, sino un pilar fundamental en sus vidas. Así lo relata Daisy López, quien desde temprana edad fue instruida por su madre en esta devoción. «Tenemos devoción por la Virgen, la adoramos. Pedimos a todos que confíen en ella y tengan mucha fe», expresó conmovida.
Devoción
La devoción trasciende generaciones, alcanzando a los más pequeños. La niña Mariana Medina compartió su visión sobre la Virgen, definiéndola como un canal de amor hacia Jesús y aprovechó la ocasión para hacer un llamado a la caridad: «Pido que les den comida a los pobres y que amen mucho a todos».
Por su parte, Ana Emilia Medina destacó el papel de la Virgen como refugio en tiempos de adversidad, especialmente para aquellos que se encuentran lejos de sus hogares. «Siempre ha estado presente en los momentos difíciles, aportándome paz y tranquilidad», señaló.
El recorrido anual de la Divina Pastora es considerado una de las manifestaciones marianas más grandes del mundo. Hidalia Peña, devota que asiste junto a su comunidad, recordó que el propósito final de esta peregrinación es el acercamiento a Cristo. «Amamos a la madre porque nos regaló a su hijo y cada año recorremos el camino con ella», afirmó.
A medida que se acerca el 14 de enero, el Templo de Santa Rosa continúa recibiendo a miles de peregrinos que, entre oraciones y flores, agradecen los favores concedidos y renuevan sus promesas, manteniendo viva una llama de fe que define la identidad larense.
Vía | El Impulso