Este domingo 1 de febrero, más de 3,7 millones de costarricenses acuden a las urnas para elegir a su próximo presidente y a los miembros de la Asamblea Legislativa. La oficialista Laura Fernández, heredera política del actual mandatario Rodrigo Chaves, parte como la gran favorita según los últimos sondeos, centrando su campaña en una agresiva estrategia de seguridad.
Fernández, politóloga conservadora de 39 años, ha basado su ascenso en la promesa de combatir la creciente violencia del narcotráfico. Sus propuestas incluyen:
- Megacárceles: Finalizar una prisión inspirada en el modelo de Nayib Bukele en El Salvador.
- Reformas Penales: Aumento de penas y decretos de estados de excepción en zonas conflictivas.
- Control Estatal: Una reforma constitucional para fortalecer los poderes del Ejecutivo.
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«¡Vamos a ganar en primera ronda!», exclamó la candidata, quien aspira a obtener al menos 40 de los 57 escaños del Congreso para consolidar su proyecto de gobierno.
La oposición advierte sobre el autoritarismo
Pese a su popularidad, los rivales de Fernández denuncian un posible giro hacia el autoritarismo. Álvaro Ramos, del Partido Liberación Nacional (PLN) y segundo en las encuestas con menos del 10%, criticó el enfoque punitivo: «No hay que encerrar a la gente por estar tatuados», replicó.
Por su parte, la arquitecta y ex primera dama Claudia Dobles (Coalición Agenda Ciudadana), tercera en los sondeos, propone un enfoque equilibrado. Dobles enfatiza la necesidad de medidas de prevención y educación para evitar que los jóvenes se unan a las filas del crimen organizado, manteniendo la alianza estratégica con Estados Unidos.
Escenario electoral: ¿Habrá segunda vuelta?
Para evitar un balotaje el próximo 5 de abril, Fernández necesita alcanzar el 40% de los votos válidos.
- Encuestas: El estudio más reciente de la Universidad de Costa Rica (UCR) le otorga un 44% de intención de voto.
- Indecisos: Un 26% del electorado aún no ha definido su sufragio, lo que podría variar el resultado final.
Una victoria de Fernández consolidaría el giro a la derecha en Latinoamérica y fortalecería el eje de aliados del presidente estadounidense, Donald Trump, en la región.
Con información de Globovisión