El cuidado de los riñones es fundamental para el bienestar general; sin embargo, diversas rutinas diarias pueden comprometer su funcionamiento de manera silenciosa. Aunque los efectos no suelen percibirse de forma inmediata, la acumulación de ciertos hábitos acelera el deterioro renal.
Factores de riesgo y conductas nocivas
Existen costumbres que, a largo plazo, actúan como agresores directos del sistema renal. Entre las conductas más perjudiciales destacan el consumo insuficiente de agua y el abuso de alimentos procesados con alto contenido de sodio y azúcar. Asimismo, el consumo excesivo de alcohol, el tabaquismo y la ingesta desmedida de proteínas (especialmente carnes rojas) sobrecargan la función filtradora de estos órganos.
Por otro lado, la automedicación con analgésicos como el ibuprofeno y el sedentarismo prolongado representan riesgos significativos. De igual manera, la falta de sueño reparador influye negativamente en la capacidad de regeneración del tejido renal.
Señales de alerta del daño renal
Cuando los riñones comienzan a fallar, el cuerpo emite señales que a menudo se confunden con otras afecciones. De acuerdo con la organización Life Options, los síntomas más comunes incluyen:
- Fatiga extrema: Debido a la baja producción de la hormona EPO, encargada de generar glóbulos rojos.
- Hinchazón: : Edemas en manos, pies o tobillos por retención de líquidos.
- Alteraciones térmicas: Sentir frío de forma constante.
- Problemas respiratorios y mareos: Falta de aire ante esfuerzos mínimos y sensación de desmayo.
Finalmente, la prevención mediante un estilo de vida equilibrado es la herramienta más efectiva para evitar patologías crónicas. Adoptar una hidratación adecuada y moderar el uso de fármacos sin supervisión médica son pasos esenciales para proteger la salud renal a largo plazo.
Vía VTV