El Día Internacional del Síndrome de Asperger se celebra cada 18 de febrero, fecha que coincide con el nacimiento de Hans Asperger, ocurrido en 1906. El médico austríaco describió por primera vez, en la década de 1940, un conjunto de características observadas en niños que mostraban habilidades intelectuales conservadas junto con dificultades sociales.
La conmemoración comenzó a impulsarse en el ámbito internacional a inicios del siglo XXI, donde asociaciones de familias y organizaciones dedicadas al autismo promueven la instauración de la jornada para generar mayor conocimiento público y reducir la estigmatización.
El síndrome de Asperger fue definido durante décadas como un trastorno del desarrollo que forma parte del espectro autista. Se caracteriza por dificultades en la comunicación social, patrones de intereses restringidos y conductas repetitivas. A diferencia de otros cuadros dentro del espectro, no implica retraso significativo en el desarrollo del lenguaje ni discapacidad intelectual.
Las personas con este perfil pueden presentar un estilo de comunicación literal, dificultades para interpretar gestos o ironías y una fuerte inclinación hacia temas específicos. En muchos casos, desarrollan amplios conocimientos sobre áreas de interés concreto.
Desde 2013, con la publicación del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales en su quinta edición, el término dejó de utilizarse como categoría independiente y pasó a integrarse dentro del Trastorno del Espectro Autista (TEA). Sin embargo, el nombre continúa presente en ámbitos sociales y educativos, así como en la identidad de muchas personas diagnosticadas antes de esa modificación.
Especialistas señalan que la condición no es una enfermedad, sino una forma distinta de procesar la información y relacionarse con el entorno. El enfoque actual prioriza el respeto por la diversidad neurológica y la eliminación de barreras que limitan la participación plena en la comunidad.
Vía VTV