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Proliferación del comercio informal satura el centro de Maturín ante la cercanía del fin de año

Aunque los peatones reconocen el derecho al trabajo de los vendedores, señalan que la saturación de las aceras obstruye el paso y los expone al peligro

El incremento de comerciantes informales en las principales calles del centro de Maturín, especialmente en la Monagas y Chimborazo, ha encendido las alarmas entre los ciudadanos. Usuarios y transeúntes advierten sobre el riesgo inminente de accidentes y las pérdidas que esto ocasiona al sector formal. Ante la proximidad de la temporada decembrina, coinciden en que la reubicación de estos trabajadores es urgente para evitar el colapso definitivo de la zona.

Aunque los peatones reconocen el derecho al trabajo de los vendedores, señalan que la saturación de las aceras obstruye el paso y los expone al peligro. Al no quedar espacio peatonal, se ven obligados a caminar por la calzada, disputando el espacio con autos y motocicletas.

«Todos tienen derecho a buscar el sustento, pero la economía informal ya abarca toda la vía pública. Caminar por la calle nos pone en riesgo de ser atropellados», manifestó Mairobe Gómez, una ciudadana consultada.

Esta situación también representa una clara desventaja para los comercios establecidos, cuyas fachadas quedan completamente bloqueadas por los puestos ambulantes y los vehículos que se estacionan frente a ellos.

«Hay demasiado movimiento; los carros y los puestos tapan las tiendas y uno no puede ni caminar. Tienen que buscarles otro lugar porque siempre se forma un desastre, y en diciembre es peor por las compras navideñas», opinó María Pibernat.

Como alternativa, el ciudadano José Vera sugirió la creación de un espacio socioproductivo. «Sería conveniente una plaza grande, abierta y dedicada especialmente a los vendedores».

Incertidumbre en las aceras

Por otro lado, la constante zozobra ante posibles desalojos mantiene en tensión a los trabajadores de la economía informal. Milagros Marín, quien se dedica a esta actividad, afirmó que las ventas en la vía pública son su único sustento, a pesar de enfrentar ingresos inestables y pagos obligatorios.

«La alcaldía nos cobra 50 bolívares diarios. Algunos tienen para pagar y otros no, porque las ventas están muy bajas», explicó.

Marín también expresó el temor colectivo a ser removidos sin una alternativa viable. «Se rumora que nos van a quitar por el plan de embellecimiento que se ejecuta en las avenidas. Si nos mueven, esperamos que sea a un espacio cómodo y con tasas accesibles para el beneficio de todos», agregó.

Ante este panorama, tanto vendedores como compradores coinciden en que Maturín necesita replicar las soluciones de otras ciudades del país, mediante la creación de un centro comercial especializado o una plaza dedicada exclusivamente al comercio informal que dignifique el trabajo y recupere los espacios públicos.

Fotos | Juan Carlos Goitía

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