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Cómo el Padre Marcelino D’Arthenay rompió una sequía de un siglo en Monagas

A medio siglo de aquel histórico "sí" pronunciado ante el altar, el Padre Marcelino D’Arthenay continúa siendo un testimonio de fidelidad, entrega y amor pastoral para las nuevas generaciones de monaguenses

El tiempo de Dios es perfecto, y la historia de la fe en el oriente venezolano se escribe con nombres propios y fechas que quedan grabadas en el alma de su pueblo. Este año, el estado Monagas se viste de fiesta espiritual para celebrar las Bodas de Oro Sacerdotales (50 años de vida presbiteral) del Padre Marcelino D’Arthenay, un hijo ilustre de Caripe que marcó un hito histórico al convertirse en el primer sacerdote católico nativo de Monagas en el siglo XX. Querido y apreciado por su actitud en casa espacio compartido en Monagas.


Para comprender la magnitud de este jubileo, es necesario retroceder en el calendario hasta el viernes 16 de julio de 1976, solemnidad de Nuestra Señora del Carmen. “Aquella mañana soleada, a las 9:00 a.m., un río de fieles acompañó la procesión de entrada que partió desde la emblemática Santa Iglesia de San Simón” cuenta el sacerdote D’Arthenay, hoy fuera de nuestras fronteras, pero con el corazón sembrado en la Catedral de Maturín.


Con algo de nostalgia, recuerda que fueron diez cuadras de cantos, oraciones y profunda expectación las que recorrió el clero y la feligresía hasta llegar a la imponente Catedral de Maturín. En aquel entonces, el templo principal de la diócesis aún se encontraba en fase de construcción, pero sus inconclusas paredes de concreto ya albergaban el calor y la esperanza de una Iglesia viva que veía consagrarse a uno de sus hijos más predilectos.


Hilos de historia: El renacer de las vocaciones monaguenses


La ordenación del Padre Marcelino no solo fue un evento festivo, sino un puente histórico que rescató una larga sequía vocacional en la región. “En el siglo XIX hubo cuatro sacerdotes nativos del estado Monagas, algunos nacidos en Caicara de Maturín, como el Presbítero Eurípides Serrano, entre otros. Sin embargo, en el siglo XX, Dios me concedió la gracia de ser el primer sacerdote nativo de este estado”, relata con humildad el Padre D’Arthenay al repasar los anales eclesiásticos de la zona.


Tras sus pasos, el siglo XX vio florecer nuevas vocaciones autóctonas que consolidaron la fe local:

Padre Marcelino D’Arthenay: Nativo de Caripe, primer sacerdote monaguense del siglo XX. Padre Armando Figuera (†): Recordado sacerdote natural de Uracoa. Padre Pedro Freites: Quien se consagraría como el primer sacerdote nacido propiamente en la ciudad de Maturín en dicha centuria. “Toda la Gloria sea para Dios” expresa con amor.


A medio siglo de aquel histórico «sí» pronunciado ante el altar, el Padre Marcelino D’Arthenay continúa siendo un testimonio de fidelidad, entrega y amor pastoral para las nuevas generaciones de monaguenses.


Cincuenta años después de haber caminado esas diez cuadras desde San Simón hasta una Catedral a medio construir, el legado de aquel joven de Caripe sigue edificado sobre piedra firme. Hoy, con el corazón rebosante de gratitud, el Padre Marcelino, radicado en los Estados Unidos, resume este caminar con la frase que ha guiado cada día de su ministerio: “Toda la Gloria sea para Dios”.

Vía Nota de Prensa

Noelis Idrogo

Periodista en La Prensa de Monagas

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