Bajo el sol de las 5:00 de la tarde, Maturín se tiñó de morado. No es solo una caminata; es el reencuentro de miles de promesas que caminaron junto al Nazareno este miércoles 1 de abril.
Cada paso por las calles de la ciudad cuenta una historia de supervivencia y devoción, donde el color púrpura de las vestimentas se convierte en el lenguaje visual de una fe inquebrantable.





Para muchos, esta tradición nace del agradecimiento por la salud recobrada tras diagnósticos médicos difíciles. William Ruiz, quien pasó 11 años en hemodiálisis antes de un trasplante de riñón, es testimonio vivo de esta entrega. Tras vivir 20 años con su trasplante y retornar ahora a diálisis, mantiene su compromiso con la imagen sagrada.
«Cuando yo estaba en el hospital, le prometí esto al Nazareno: que si me hacía vivir un tiempo más, yo iría las veces que pudiera a la iglesia el Miércoles Santo. Él me levantó cuando no podía caminar».


La fe también se manifiesta en las nuevas generaciones a través de la mediación de las madres. Fermina Maurela relata cómo su hijo, nacido prematuro con apenas 33 semanas, superó las complicaciones gracias a una promesa de siete años consecutivos de asistencia a la procesión. Ella define este encuentro como una conexión directa que otorga serenidad a los afligidos.
«Es lo que nos da paz. Uno le pide algo y siente que lo escucha. Por eso suceden los milagros, por la convicción de que Dios nos ayuda cuando le hablamos».


La herencia familiar es otro pilar fundamental de esta festividad. Joisnel Varela, quien viaja desde Caracas para cumplir con la tradición iniciada por su madre en el estado Sucre, ve en el Nazareno un punto de unión y amor que trasciende la distancia geográfica.
Por su parte, Daxcy León cumple dos décadas de devoción tras la recuperación de su madre de un infarto, portando con orgullo el color que la identifica con la imagen.


«Este color morado es una devoción muy grande. Mi Dios y mi Nazareno siempre conmigo; él es para mí parte de la familia».
Entre rezos del padrenuestro y el avemaría, la procesión en Maturín no solo conmemora un evento religioso, sino que reafirma la identidad de un pueblo que encuentra en el Nazareno la fuerza para seguir adelante frente a cualquier adversidad.
Fotos/Juan Goitía