Desde este lunes 2 de febrero de 2026, el paso fronterizo de Rafah ha comenzado a operar nuevamente en ambas direcciones. Tras permanecer cerrado casi dos años, este cruce recupera su estatus como la única arteria vital que conecta a la población de Gaza con el mundo exterior sin pasar por territorio israelí.
La reactivación ha sido posible gracias al despliegue de la Misión de Asistencia Fronteriza de la Unión Europea (EUBAM), encargada de supervisar unas operaciones que se desarrollan bajo una vigilancia extrema.
A pesar de la carga simbólica de esta apertura, el tránsito está lejos de ser libre o fluido. Durante las primeras horas de la jornada, se registraron las primeras entradas de ciudadanos palestinos desde Egipto, principalmente mujeres, niños y ancianos, muchos de ellos en sillas de ruedas y asistidos por la Media Luna Roja.
Sin embargo, este movimiento responde a un protocolo de seguridad draconiano que exige que cada individuo cuente con una aprobación previa tanto de las autoridades egipcias como de las israelíes, limitando el acceso a un cupo muy reducido de residentes autorizados.
El triunfo de la presión internacional sobre la voluntad política
La reapertura de este corredor estratégico no debe interpretarse como un gesto de concesión humanitaria por parte del Gobierno de Israel, sino como el resultado directo de una asfixiante presión diplomática global.
Durante meses, diversos organismos internacionales y potencias extranjeras han denunciado las consecuencias devastadoras del bloqueo, que ha dejado a miles de pacientes sin tratamiento médico y ha sumido al enclave en una crisis hospitalaria sin precedentes. La persistente demanda de la comunidad internacional obligó finalmente a Tel Aviv a ceder, tras meses de obstrucción sistemática.
Informes recientes subrayan que la decisión de Israel fue puramente pragmática y forzada por el marco de la tregua impulsada desde Washington. La retórica oficial que intenta presentar esta medida como un alivio humanitario contrasta con la realidad de las negociaciones, donde cada metro de apertura ha sido disputado intensamente en las mesas diplomáticas.
La desconfianza sigue siendo el eje central de la operación, evidenciada en el hecho de que el control final sobre quién entra o sale permanece firmemente bajo el mando militar israelí.
Vía | Últimas Noticias