La confirmación de al menos dos casos de tuberculosis en el mayor centro de detención de migrantes en Estados Unidos ha puesto de manifiesto la precariedad de los protocolos sanitarios en estas instalaciones. La congresista Verónica Escobar y autoridades locales corroboraron que, junto al brote de tuberculosis, otras 18 personas han dado positivo por COVID-19 en el recinto conocido como Camp East Montana.
Estas cifras reavivan el debate sobre la incapacidad del sistema para garantizar el derecho básico a la salud de quienes se encuentran bajo custodia federal.
La situación en Camp East Montana, una estructura compuesta por carpas con capacidad para 5.000 personas, es descrita por testigos y legisladores como un entorno donde los problemas persisten y se agravan.
Gestión deficiente
La administración de estas instalaciones, delegada en la empresa privada Acquisitions Logistics, ha sido señalada por una gestión deficiente que prioriza el confinamiento masivo sobre el bienestar humano. Este escenario de hacinamiento en estructuras provisionales facilita la propagación de enfermedades infectocontagiosas que ya se consideraban controladas en otros ámbitos.
La falta de una atención médica diligente y preventiva no es un incidente aislado, sino un patrón que se repite en la red de detención texana. Apenas una semana antes de estos reportes, otro centro destinado a familias migrantes tuvo que ser confinado debido a un brote de sarampión.
La recurrencia de estos focos epidemiológicos sugiere una negligencia sistemática en los controles de ingreso y en el seguimiento clínico de los detenidos, exponiéndolos a riesgos biológicos evitables en instalaciones financiadas con fondos públicos.
Vía | Últimas Noticias