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Romer Botini | La historia viva de las artes escénicas en Monagas

La entidad le rindió un merecido tributo a su entrega, al proclamarlo oficialmente Patrimonio Cultural Viviente del estado

Hablar de Romer Botini es hablar de la historia viva de las artes escénicas en el estado Monagas. No se trata solo de un creador que acumula décadas de trayectoria, sino de una figura cuya biografía encarna el valor del arte como identidad colectiva. Su voz, pausada pero firme, destila la gratitud de quien ha hecho de la danza una disciplina digna de admirar y de la gestión pública una trinchera inquebrantable para el desarrollo cultural.

Este año, la región rindió un justo y merecido homenaje a su entrega al proclamarlo oficialmente Patrimonio Cultural Viviente del Estado Monagas, un hito que consolida su legado como maestro, gestor y referente indiscutible de las tablas venezolanas.

Conversamos con el “maestro de maestros” sobre sus inicios, sus huellas, la proyección internacional de Monagas y el peso de un reconocimiento que lleva con profunda humildad.

Los cimientos de un bailarín

Los inicios de Romer en el mundo del baile se remontan a 1993, año en que pisó los escenarios por primera vez como bailarín, sin embargo, su vocación de liderazgo y la inquietud por abrir nuevos caminos lo llevaron a dar el salto definitivo en 1999, cuando fundó la compañía de artes escénicas Ballet Romer Bottini. Hoy, con 26 años de vida artística ininterrumpida en el estado, aquel proyecto inicial que comenzó como un sueño de juventud se ha transformado en una institución profundamente consolidada.

Al echar la vista atrás, Botini reconoce con humildad los nombres que labraron su camino. Por su memoria transitan figuras fundamentales de la danza venezolana como Yoleida Díaz, la maestra Yolanda Moreno y Arelis González, pero al evocar a Gudelia Castillo, su tono cambia por completo: ella no fue solo una maestra, sino su mentora indiscutible tanto en los tablaos como en el plano personal, a quien define sin titubeos como una de las más grandes bendiciones de su vida.

De la coreografía a la gestión cultural

El transitar de Romer dio un giro institucional clave al asumir las riendas de la cultura en el estado Monagas, contando en su momento con el respaldo de Yelitze Santaella y ahora con la del gobernador Ernesto Luna. Lejos de adjudicarse protagonismos individuales en esta nueva faceta, el maestro insiste en que el motor real detrás de cada logro es el equipo humano que lo acompaña en el Instituto de la Cultura: un grupo de artistas profesionales con trayectorias sólidas que impulsan la agenda regional.

Aunque culturalmente la colectividad lo identifica de inmediato con el baile —«dice la gente: no, Romer es danza», comenta entre sonrisas—, él subraya que su gestión al frente del organismo se ha empeñado en potenciar, respaldar y fortalecer todas las disciplinas artísticas por igual: desde las artes plásticas y la música, hasta el teatro y la literatura en cada rincón monaguense.

El orgullo de llevar a Monagas hasta Moscú

Entre los hitos más descollantes de su carrera figura un encargo de alta responsabilidad diplomática y artística. Convocado en su momento por autoridades culturales nacionales como los ministros Ernesto Villegas y Juan José Ramírez, Romer asumió el reto de concebir un montaje conmemorativo con motivo de los 80 años de la victoria.

El proceso exigió coordinar esfuerzos directamente con la embajada de Rusia, cuidando rigurosamente cada detalle técnico y escénico. El resultado fue un éxito rotundo: una coreografía galardonada con un Premio Nacional que cruzó las fronteras venezolanas para presentarse con ovaciones en el prestigioso Festival Latinoamericano de Folklore en Moscú, posicionando el nombre del estado Monagas en la escena internacional.

El arraigo y la responsabilidad del patrimonio

Hoy, tras ser proclamado Patrimonio Cultural Viviente de Monagas, Romer Botini deja en claro que este título no representa una medalla estática ni un punto de llegada. «Significa mucho, significa una gran responsabilidad, significa ser lo mejor, más amor del que ya le tengo a las artes», confiesa con emotividad.

Ese compromiso se extiende de manera natural a su visión de la ciudad. Al reflexionar sobre el lema Maturín Corazón de Oriente, valora el impulso renovador que la alcaldesa Ana Fuentes le ha impregnado a la capital. Para él, Maturín trasciende el concepto meramente geográfico. «Maturín ha sido mi vida, Maturín es mi casa, mi escuela y mi universidad». Una declaración de principios de un hombre que, con el rango de patrimonio sobre sus hombros, sigue trabajando cada día para que su tierra sea la punta de lanza cultural de todo el país.

Fotos cortesía

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