La noche en las montañas de Antioquia quedó marcada por un silencio alterado solo por los pedidos de auxilio que algunos habitantes rurales escucharon a la distancia. Esos gritos dieron la primera señal de que algo terrible había ocurrido: el avión de la empresa Lamia, que trasladaba al plantel del Chapecoense, había caído a pocos kilómetros de Medellín, dejando una escena devastadora.
Las autoridades colombianas confirmaron luego que la aeronave llegó a tierra sin una gota de combustible, uno de los factores que hoy concentra la investigación oficial. El coronel Freddy Bonilla, de la Aeronáutica Civil, señaló que los restos del fuselaje evidenciaron una “ausencia total de gasolina”, lo que abrió un proceso para determinar por qué el piloto llegó a esa situación crítica.
Pistas que cambian el caso
Mientras los peritos analizaban el lugar del impacto, surgieron nuevas líneas de investigación. Un audio del piloto, Miguel Quiroga, reveló que primero declaró una “emergencia de combustible” y, minutos más tarde, una “falla eléctrica total”. Aunque la grabación fue cuestionada por estar “editada”, dejó en claro que la aeronave enfrentaba un escenario límite. Las cajas negras serán decisivas para reconstruir el desenlace.

Los rescatistas lograron ubicar inicialmente a 11 sobrevivientes, aunque ese número se redujo con el paso de las horas. Finalmente, seis personas —tres futbolistas, un periodista y dos tripulantes— lograron sobrevivir a un accidente que dejó 71 fallecidos.
En los momentos previos a la catástrofe, el avión desapareció del radar del aeropuerto de Rionegro, lo que agravó la emergencia. El control aéreo había ofrecido prioridad para el aterrizaje, pero el tiempo se agotó antes de que la aeronave pudiera alcanzar la pista.
Las pesquisas continúan y las autoridades buscan establecer las responsabilidades detrás de una tragedia que sacudió al mundo del deporte.
Vía GN noticias