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Thanabots: la tecnología que imita a los fallecidos y genera un dilema moral

La IA no siente, no extraña y no evoluciona; simplemente ejecuta un algoritmo predictivo para generar respuestas plausibles

Volver a conversar con un ser querido que ha fallecido ha dejado de ser un argumento exclusivo de la ciencia ficción. En la compleja intersección entre el avance tecnológico y el dolor humano han surgido los thanabots, programas de Inteligencia Artificial (IA) diseñados para recrear virtualmente a una persona a partir de su huella digital: mensajes de texto, audios, correos electrónicos y fotografías. Aunque los desarrolladores aclaran que no se trata de una resurrección, la asombrosa capacidad de estos sistemas para imitar los patrones de lenguaje y la voz de quien ya no está ha encendido un intenso debate global sobre los límites éticos de la tecnología.

La comercialización de la memoria: ¿Una segunda muerte?

El aspecto más inquietante de los thanabots no es su arquitectura de machine learning, sino su modelo de negocio. Estas plataformas operan, en su mayoría, bajo estrictos esquemas de suscripción. Esto plantea un dilema moral sin precedentes: mientras el usuario mantenga sus pagos al día, su ser querido digital seguirá interactuando a través de la pantalla. Sin embargo, en el instante en que se cancela la suscripción, el avatar desaparece. Esta dinámica obliga a los deudos a enfrentar una cruel disyuntiva financiera y a experimentar una «segunda muerte», esta vez dictada por un corte de facturación.

La comunidad científica, la bioética y la psicología se encuentran divididas. Actualmente, no existen estudios concluyentes que determinen si interactuar con estas réplicas sintéticas funciona como una herramienta de transición saludable o si, por el contrario, ancla al usuario a un espejismo que cronifica el dolor. La IA no siente, no extraña y no evoluciona; simplemente ejecuta un algoritmo predictivo para generar respuestas plausibles.

Un dilema profundamente humano

La irrupción de la llamada Death Tech (Tecnología de la muerte) trasciende el debate sobre los límites del código de programación para aterrizar en una interrogante existencial. La ética advierte sobre el peligro de lucrar con la vulnerabilidad del luto, ofreciendo parches digitales a heridas emocionales que requieren procesos naturales de asimilación.

Al final, la tecnología nos devuelve a la misma encrucijada filosófica de siempre: ¿el duelo se trata de agotar todos los recursos para no soltar a quien se fue, o de encontrar la fortaleza para aprender a vivir con su ausencia? El debate apenas comienza, pero la línea divisoria entre el consuelo tecnológico y la explotación comercial de la nostalgia nunca había sido tan delgada.

Vía Noticia al día

Noelis Idrogo

Periodista en La Prensa de Monagas
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