Mientras el mundo aún guarda los restos de serpentina de San Valentín, hoy, 16 de febrero, surge una celebración más melancólica pero profundamente humana: el Día de los Amores Imposibles.
A diferencia del 14 de febrero, que exalta la reciprocidad y el compromiso, esta fecha busca reivindicar esos sentimientos que, por distancia, tiempo o destino, nunca pudieron ser. Desde el amor platónico de la infancia hasta el «crush» inalcanzable de la era digital, el 16 de febrero se ha consolidado como un espacio para honrar la belleza de lo que no fue.
¿Por qué celebramos lo imposible?
La psicología moderna sugiere que estos vínculos, aunque no se materialicen, forman una parte esencial de nuestra narrativa emocional. Según expertos en cultura popular, la fecha sirve para:
- Validar la nostalgia: No todo amor debe terminar en boda para ser significativo.
- Cerrar ciclos: Un día para aceptar que algunas historias están mejor escritas solo en la imaginación.
- Conectar colectivamente: Recordar que todos hemos sido, en algún momento, los protagonistas de un romance no correspondido.
Hoy, la invitación no es a la tristeza, sino a reconocer que el corazón tiene la capacidad de sentir con fuerza, incluso cuando no hay una mano que sostener del otro lado.