
A propósito del Día Internacional de la Mujer este 8 de marzo, diversas féminas del estado Monagas han alzado su voz para compartir una visión colectiva de fuerza, sacrificio y esperanza.
A través de sus testimonios, se dibuja el perfil de una mujer que, a pesar de las adversidades económicas y de salud, se mantiene como el pilar fundamental de la sociedad venezolana.
La valentía surge como el denominador común entre las entrevistadas, quienes coinciden en que la identidad de la mujer en la región está forjada por la capacidad de superar dificultades diarias. Para muchas, ser venezolana es sinónimo de una resistencia inquebrantable que les permite enfrentar «todo y más» con la frente en alto.

«Nos definimos por la valentía; por lo que hemos soportado. A veces tenemos el autoestima por el piso por los problemas, pero hay que tener esa coraza en el corazón para levantarse y volver a seguir», expresó Jenny Russian.
El rol de la madre trabajadora también fue protagonista en estas declaraciones, destacando a aquellas que, por cuenta propia o en instituciones, garantizan el bienestar de sus hogares. Se describen como figuras «echadas para adelante», capaces de equilibrar la crianza de los hijos con la formación académica y el desempeño laboral.
«Soy una mujer de mucho temple para seguir adelante y seguir luchando. Me considero una buena madre porque mis hijos ya están adultos y bien criados», afirmó Antonia Diago al resaltar su orgullo familiar.
La salud y la situación económica actual también forman parte de la realidad que estas mujeres transforman en motivos de lucha. Ejemplos de vida demuestran que, incluso enfrentando enfermedades crónicas o jubilaciones insuficientes, la determinación de la mujer madura en Maturín sigue siendo un motor de inspiración para las nuevas generaciones.
«Me llamo guerrera. He sufrido un infarto, operaciones de columna y diabetes, pero me considero muy fuerte. Como enfermera jubilada me ha tocado batallar bastante porque lo que uno gana no alcanza», relató Graciela Patiño.
Desde la juventud, la visión se mantiene alineada con el empoderamiento y la convicción de que no existen límites para el desarrollo femenino. La mujer monaguense es vista como un ser integral que marca la diferencia en su entorno gracias a su carácter decidido y su entrega total a la familia.
«Somos mujeres valiosas, capaces de absolutamente todo. Las mujeres de aquí son fuertes, trabajadoras y siempre están ahí para sus hijos y su familia», sostuvo Isabela Rodríguez.
El mensaje de estas mujeres para este 8 de marzo trasciende la simple celebración, convirtiéndose en un llamado al amor propio y al poder de la palabra positiva. Para ellas, reconocer el propio valor es el primer paso para transformar la realidad social y personal.
«El ingrediente principal en nuestra vida tiene que ser el amor. Amarse a una misma primero para poder seguir amando a los demás», concluyó Rudymar Idrogo como reflexión final.
Fotos/Juan Goitía/Anselmo Sánchez (pasantes)