La cotidianidad en la calle Girardot del sector Palo Negro, de Maturín, se ha transformado en una lucha de resistencia. Desde hace más de 60 días, el agua por tubería desapareció de los hogares, sumiendo a decenas de familias en una crisis sanitaria y económica que parece no tener tregua.




Sin una gota en los grifos, los residentes se han visto forzados a implementar medidas extremas. Alexa Danis, vecina de la zona, relata con frustración cómo la lluvia se ha convertido en su única aliada: “Nos toca esperar que llueva para llenar tobos y así poder limpiar la casa o bajar las pocetas”. Danis explica que, aunque el servicio llega de forma intermitente a algunas viviendas cercanas, la presión es insuficiente para cubrir la demanda de la cuadra.
Un golpe al bolsillo
La falta de inversión pública ha trasladado el costo del servicio directamente al bolsillo del ciudadano. “Para lavar la ropa hoy tuve que comprar un botellón”, lamenta Danis. En su sala, un tambor vacío espera el paso de un camión cisterna, cuyo llenado cuesta 3 dólares; una cifra prohibitiva para quienes viven del día a día.
Esta realidad la confirma Pedro Gimón, propietario de una pequeña bodega, quien asegura que sus ingresos no alcanzan para costear el suministro privado de forma constante. “Tenemos que ahorrar cada litro en botellas pequeñas para rendirlo. No sabemos cuál es el origen del problema y nadie nos da una explicación técnica”, señaló.
Bombas de agua: un adorno en el hogar
La problemática ha llegado al punto en que la tecnología resulta inútil. Andrés Bernardo, otro afectado, comenta que muchos vecinos invirtieron en bombas de agua que hoy permanecen apagadas. “Están instaladas pero nunca han cumplido su función porque no llega ni una gota por la tubería. Es una situación crítica de hace meses”, denunció.
A pesar de que la comunidad ha agotado los canales regulares, enviando cartas y solicitudes formales a los entes competentes, la respuesta institucional sigue siendo el silencio.
Los habitantes de la calle Girardot hacen un llamado urgente a la hidrológica local y a la alcaldía de Maturín para que se aboquen a reparar la falla. Mientras tanto, la comunidad de Palo Negro sigue a la espera de una solución definitiva que les devuelva el derecho básico de abrir el grifo y recibir agua limpia.
Fotos: Arialex Brazón