Habitantes de diferentes sectores del municipio Maturín, han manifestado su preocupación ante la agudización de las fallas eléctricas en la ciudad, una situación que ha transformado la dinámica cotidiana de muchas familias, pues, lo que inicialmente se reportaba como interrupciones de dos horas ha evolucionado hacia bloques de racionamiento que alcanzan las seis horas continuas, dejando a comunidades enteras paralizadas bajo las implacables temperaturas del oriente del país.

Este endurecimiento del servicio tiene una explicación oficial: la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, anunció la implementación de un plan de racionamiento eléctrico por un período de 45 días, argumentando que la medida respondía al inicio de un ciclo de intenso calor y sequía que impacta la generación energética del país, sin embargo, más allá de la justificación institucional, en las calles se vive una realidad marcada por la incertidumbre, la adaptación y la resiliencia que define al venezolano.
En este contexto, el equipo de La Prensa de Monagas recorrió distintos sectores de la ciudad para constatar cómo sobrevive la población y de qué manera los ciudadanos se preparan para afrontar estas largas jornadas a oscuras y con calor.
En múltiples zonas de la ciudad, los habitantes describen un patrón de racionamiento que se cumple con una rigurosidad. En sectores como la avenida Bella Vista, los residentes aseguran que el suministro eléctrico se interrumpe puntualmente al mediodía, afectando de manera directa el acceso al agua potable, ya que los sistemas de bombeo quedan inoperativos.
La situación es aún más severa en las zonas del sur y oeste de Maturín, donde se repite con mayor crudeza: los cortes suelen iniciar alrededor de las 2:00 de la tarde, coincidiendo con el punto más alto de temperatura del día, y se prolongan hasta las 8:00 de la noche. Este horario no solo incrementa el malestar físico, sino que también limita la productividad y las actividades básicas propias del hogar.
Adaptación
Estos cortes de luz alargados han alterado la rutina en hogares y comercios. Bajo este contexto, el maturinés ha pasado de la queja a la acción, y de esta forma han convertido sus hogares y espacios de trabajo en lugares de adaptación donde la creatividad y la inversión se vuelven la manera de solventar estas largas jornadas a oscuras.
Hoy en día, las velas parecen cosa del pasado. En su lugar, han surgido soluciones tecnológicas como ventiladores recargables, lámparas LED de emergencia, baterías externas o power banks y generadores eléctricos. Aunque estas alternativas pueden ser un gasto considerable, se han vuelto imprescindibles para mantener un mínimo de normalidad en medio de la oscuridad que se vive en el municipio Maturín.
¿Cómo logran sobrevivir los maturineses?
Las historias que se han recopilado muestran diferentes perspectivas de una misma realidad.
En el ámbito comercial, Rita Arocha, encargada de una tienda, menciona que hay una creciente demanda de ventiladores recargables, los cuales se han convertido en la “solución inmediata” para hacer frente al calor que se vive en la ciudad y que se intensifica con los cortes eléctricos. Estos dispositivos, que cuestan alrededor de 79 dólares, pueden funcionar hasta cuatro horas.

Rita también se asegura de probar los productos en su tienda durante los cortes de electricidad, comprobando su duración mientras intenta aliviar las altas temperaturas, ya que su negocio no escapa de esta realidad.
Además, resalta el aumento en la venta de protectores de voltaje, ya que la inestabilidad del servicio causa daños frecuentes en los electrodomésticos y no hay respuesta oficial por las pérdidas sufridas.

Desde una perspectiva más cotidiana, Grecia Alcalá comparte cómo su familia ha creado un “kit de supervivencia” que se basa en lo más esencial: la linterna del teléfono celular. Cuando llega la electricidad, lo primero que hace es cargar su dispositivo, y durante los apagones prefieren sentarse en la acera con sus vecinos, hablar y disfrutar de la brisa mientras esperan que llegue la luz.
Asimismo, Panchita Martínez, residente del sector Boquerón, expone una de las consecuencias más severas: la falta de descanso. Según sus declaraciones, los cortes no solo ocurren durante el día, sino también en la madrugada, en un horario que va desde las 11:00 de la noche hasta las 3:00 de la mañana. Esta situación ha convertido el sueño en un lujo, generando agotamiento acumulado que afecta su desempeño diario.
Por su parte, Yeiker Rodríguez representa a los ciudadanos que han podido optar por alternativas que alivien las largas jornadas sin luz y quien ha optado por soluciones tecnológicas más avanzadas. En su hogar utiliza un Mini UPS para mantener la conexión a internet y asegurar la operatividad de sus dispositivos electrónicos, sin embargo, reconoce que el mayor desafío sigue siendo la cocina eléctrica, ya que no cuenta con gas en su hogar.
Sin importar los retos o dificultades que se atraviese en el camino, los ciudadanos de Maturín siguen demostrando su resiliencia para adaptarse a cualquier situación. La fortaleza de las comunidades se refleja en las pequeñas acciones cotidianas, en la solidaridad entre vecinos y en la búsqueda constante de nuevas soluciones, sin embargo, el desgaste es tangible y la incertidumbre sigue presente.
A medida que avanza el plan de racionamiento anunciado por la presidenta Delcy Rodríguez, la gente no solo tiene que lidiar con el calor y la oscuridad, sino que también se ve obligada a reinventar su rutina diaria con la esperanza de que los 45 días del racionamiento pase de manera rápida y volver a la normalidad en sus hogares y negocios.