La Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró este domingo el brote de ébola en el este de la República Democrática del Congo (RDC) como una Emergencia de Salud Pública de Importancia Internacional (ESPII). El organismo manifestó su «profundo temor» ante una potencial propagación transfronteriza de la enfermedad, la cual ha provocado hasta el momento 88 víctimas mortales en la provincia de Ituri, una zona colindante con Uganda y Sudán del Sur.
De acuerdo con las evaluaciones técnicas de la agencia de las Naciones Unidas, la localización geográfica del epicentro representa un factor de alta vulnerabilidad epidemiológica.
«El papel de Ituri como centro comercial y migratorio aumenta el riesgo de exportación regional del brote. La proximidad con Uganda y Sudán del Sur incrementa el riesgo de transmisión transfronteriza», señaló la organización en su informe técnico.
Para mitigar la amenaza, la OMS urgió a reforzar de inmediato el cribado sanitario en los puestos fronterizos y a optimizar el intercambio de información epidemiológica entre los países de la región.
Conflicto armado y barreras operativas
La respuesta sanitaria se desarrolla en un contexto humanitario sumamente complejo debido al conflicto armado activo en Ituri. Las hostilidades limitan severamente el despliegue terrestre de los equipos de vigilancia epidemiológica y obstaculizan el transporte seguro de muestras biológicas hacia los laboratorios de análisis.
Asimismo, las autoridades sanitarias advirtieron sobre la dificultad de rastrear la cadena de contagios debido a la alta movilidad de la población y el difícil acceso geográfico, dinámicas que incrementan el riesgo de perder el seguimiento médico de los contactos de alto riesgo.
A nivel humanitario, las Naciones Unidas califican la situación en la zona como extrema. Actualmente, Ituri registra más de 273,000 desplazados internos y 1.9 millones de personas con necesidad urgente de asistencia. Solo en el primer trimestre del año, la violencia forzó el desplazamiento de 32,600 nuevos ciudadanos, una inestabilidad demográfica que se suma al flujo constante de trabajadores atraídos por la actividad minera local.
Brecha en la detección y fallas de bioseguridad
Uno de los puntos más críticos señalados por la OMS es el margen de tiempo transcurrido para la identificación del brote. Existió un intervalo de cuatro semanas entre el inicio de los síntomas del presunto caso index (el pasado 25 de abril) y la confirmación oficial de laboratorio, emitida el 14 de mayo.
Este retraso evidencia un bajo índice de sospecha clínica entre el personal sanitario de la zona, un sector donde ya se ha reportado el fallecimiento de cuatro profesionales de la salud.
«Esto pone de manifiesto fallos críticos en los protocolos de prevención y control de infecciones», enfatizó la institución al evaluar la infraestructura hospitalaria local. Adicionalmente, la OMS vinculó la alta tasa de decesos registrados directamente en la comunidad con la persistencia de prácticas funerarias inseguras que facilitan la transmisión del virus.
Vía El Universal