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A un mes del ajuste salarial: maturineses aseguran que todo sigue igual

La percepción general es de estancamiento, ya que en el mercado los precios de los productos básicos se mantienen elevados

Ha pasado un mes desde que se ajustó a 240$ el ingreso mínimo integral de los trabajadores de Venezuela, sin embargo, los ciudadanos de Maturín aseguran no haber percibido un alivio real en sus bolsillos.

En un recorrido realizado por la capital monaguense, los consumidores coincidieron en que el costo de la vida continúa en ascenso, neutralizando rápidamente cualquier ajuste económico.

La percepción general es de estancamiento, ya que en el mercado los precios de los productos de primera necesidad se mantienen elevados, lo que obliga a los trabajadores a depender de múltiples fuentes de ingresos para poder subsistir en el contexto actual.

«Nada ha cambiado, todo sigue alto. Hasta ahora el dinero no alcanza. Hay que trabajar bastante para poder medio comprar la comida. Siempre hay que rebuscarse», señaló Alis Maita, consultada.

Para sectores vulnerables como los jubilados, la situación es aún más compleja. La pérdida del poder adquisitivo frente al costo de los alimentos y la necesidad médica diaria representa uno de los mayores desafíos, llevando a los afectados a exigir mejoras estructurales en las remuneraciones y no soluciones temporales a través de asignaciones especiales.

«El aumento en sí no nos alcanza para nada, porque en el caso mío, soy docente jubilada, soy hipertensa y no me alcanza ni para los medicamentos. Nosotros lo que queremos es salario, no bono. Queremos el salario, eso es lo que exigimos. La comida está caro y los aumentos no satisfacen las necesidades», afirmó con preocupación Yolinda Jaramillo, residente de El Furrial.

El sector familiar también reporta severas dificultades para cubrir gastos esenciales que van más allá de la canasta alimentaria. La inflación en bienes de consumo diario, como el calzado y la vestimenta para los dependientes, sobrepasa con creces el presupuesto mensual estimado por los jefes de hogar.

«Eso no da ni siquiera para 15 días de comida. Los precios en el mercado están demasiado elevados; un par de zapatos ahorita cuesta 60 o 70 dólares. Ponte que tú tengas cuatro muchachos, ¿cómo los sostienes? No se puede. Tienes que esperar uno a uno, después el otro y después el otro. ¿Y la comida dónde queda?, ¿y si uno se enferma?», cuestionó Yasmina Fajardo.

A un mes de los anuncios, el panorama comercial en Maturín refleja que la indexación no ha sido suficiente para frenar el impacto inflacionario, dejando a la población a la expectativa de medidas económicas que devuelvan el valor real al trabajo de los monaguenses.

Fotos | Juan Goitía

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