Más de 30 trabajadores del Matadero Municipal de Maturín denunciaron acoso laboral y las condiciones de insalubridad extrema en las que operan. Los afectados señalaron que la directiva aplica medidas coercitivas, como la suspensión injustificada de salarios y beneficios, perjudicando directamente a empleados con familiares en estado de salud crítico.
A esta presión interna se suma un patrón de amedrentamiento: según los manifestantes, comisiones de organismos de seguridad han ingresado fuertemente armadas a las instalaciones y a viviendas particulares para intimidarlos bajo acusaciones falsas de conspiración.
«Nos arrodillaron y nos apuntaron con armas largas y ametralladoras para quitarnos los teléfonos y revisarlos. A mí me fueron a buscar a mi casa delante de mis hijos, mi esposa y mi madre; me apuntaron, me trajeron a la fuerza al trabajo y me tiraron al piso», relató Luis Córdoba, obrero fijo del Matadero Municipal de Maturín.



Aseguran trabajar sin herramientas de trabajo
Por otra parte, la nómina obrera expone presuntas irregularidades administrativas y falta de dotación básica para operar. Indican que laboran sin herramientas adecuadas, sin insumos de protección como guantes y sin un médico sanitario presente para certificar los procesos. Asimismo, alertan sobre el manejo opaco en la venta de subproductos ganaderos en divisas, cuyos ingresos no se reflejan en el mantenimiento ni en la compra de insumos básicos para la planta.
«Tenemos tres años trabajando sin caldera porque no quieren comprar gasoil. Este Matadero produce alrededor de entre 7.000 y 10.000 dólares diarios. ¿Y dónde está esa plata? Venden los cueros, los librillos, los viriles, los esófagos y todo eso en divisas. En el matadero no hay una carretilla, no hay unos cuchillos», mencionó Leonardo Figueroa, trabajador del matadero.



Amana Abajo afectado
Asimismo, la situación traspasa las paredes de la institución y golpea directamente a las comunidades aledañas, como el sector Amana Abajo. Los vecinos reportan que la disposición inadecuada de los desechos orgánicos incluyendo bosta, cueros y vísceras cerca del cauce del río ha desatado una ola de moscas, malos olores e infecciones, sumado al vertido de contaminantes hacia las fuentes de agua utilizadas por los habitantes.
«Están contaminando el río. Lanzan los desechos del ganado como bosta, cabezas y cueros directamente al agua. El fuerte olor llega hasta aquí e impide que estemos fuera o dentro de nuestros hogares; incluso debemos escondernos para comer debido a la cantidad de moscas. Antes nos bañábamos en el río durante Semana Santa o cuando se cortaba la luz, pero ahora nos da temor enfermarnos si entramos al agua», denunció Norgyelis Brizuela, vecina de la comunidad afectada.
Proliferación de plagas
A la contaminación ambiental se le añade un problema severo de salud pública en el sector, donde la proliferación de plagas y la imposibilidad de mantener higiene alimentaria han derivado en brotes virales entre los habitantes, incluidos niños y adultos mayores. Los residentes denuncian que la falta crónica de servicios como luz y agua agrava la insostenible rutina diaria.




«Aquí hay un brote de diarrea, vómito y fiebre. La plaga de moscas es insoportable y, cuando llueve, el mal olor impide comer al aire libre, por lo que debemos hacerlo en las habitaciones. Le pedimos al director que tome conciencia y limpie; esta contaminación afecta incluso a los mismos trabajadores, quienes laboran sin guantes», denunció Rosina Chacón, residente de la zona«.
Ante este panorama, tanto los empleados de la planta como los voceros comunitarios exigen la intervención urgente de la Contraloría del estado Monagas, el Ministerio de Salud, Inpsasel y las autoridades municipales para que supervisen las instalaciones, frenen al supuesto acoso laboral y detengan el daño ambiental antes de que la situación derive en un problema epidemiológico mayor.
Fotos/Juan Goitía