Los ciudadanos de Maturín desconfían de los protectores electrónicos para resguardar sus electrodomésticos, por lo que prefieren desenchufarlos ante las constantes fluctuaciones eléctricas. Debido a las recurrentes interrupciones del servicio, los habitantes del municipio han retomado la costumbre de desconectar manualmente sus equipos para evitar daños.
Esta situación afecta gravemente a comunidades como la parroquia Jusepín, donde los vecinos denuncian que los altos voltajes registrados al retornar la energía representan un riesgo latente para su patrimonio familiar.




«Lamentablemente, tenemos que volver a las viejas costumbres de nuestros ancestros, de desenchufar los aparatos cuando se va la luz. Cuando regresa a las cinco horas, se corre el riesgo de que venga con mayor voltaje y se puedan quemar los equipos. Tenemos esa costumbre de desenchufarlos a todo evento», expresó el abogado Gino Romero, habitante del sector Andrés Eloy Blanco.
Aunado al miedo por las fallas en el servicio, los ciudadanos advierten sobre el alto costo monetario que implica adquirir sistemas de protección para el hogar, montos que resultan inalcanzables para muchas familias de la zona.
«Los protectores en este caso están alrededor de 45 a 50 dólares, dependiendo la calidad y la marca, Lamentablemente, hay muchas personas que no tienen para comprar estos aparatos y es lamentable porque se les dañan sus electrodomésticos», añadió Romero.



Por su parte, otros consultados manifiestan que, incluso contando con equipos de protección, sufren severas pérdidas materiales debido a la intensidad de los apagones y la irregularidad de la corriente.
«Yo les pongo protectores, pero aun así se me han dañado. Un freezer bien bonito que tenía nuevo se me dañó y dos aires también se me dañaron. La situación económica ahorita no está como para comprar una nevera si se te daña. El poquito de dinero que agarramos es para comer y hacer las cosas más importantes», relató la señora Inés Romero, habitante de Las Cocuizas.
Frente a esta realidad, las dinámicas cotidianas y el bienestar emocional de los maturineses también se han visto impactados. Las interrupciones imprevistas alteran las rutinas de trabajo y descanso, obligando a las familias a buscar alternativas imprevistas para sobrellevar las altas temperaturas de la región.
«Es incómodo porque uno no depende de eso, dependes de que se te va la luz y hay cosas con las que te quedas paralizada. Eso no avisa, entonces estás intermitente. Es algo que lo pone a uno tenso y estresante. Uno intenta relajarse, me voy para donde la vecina a hablar o me pongo a hablar con mis hijos hasta que pasen las horas», resaltó Rosangela Hernández, habitante del municipio Piar.
Fotos/Juan Goitía