
Hay personas que terminan convirtiéndose en la esencia misma de una ciudad. No por ostentar títulos ni ocupar grandes escenarios, sino por la lección cotidiana de dignidad que imparten en silencio. En Maturín, en esa concurrida redoma que bordea la diagonal de la plaza El Indio, hay un símbolo que tiene nombre y apellido: Alexander Valdez, popularmente conocido con el entrañable apodo de «El Chupetero».
Para cualquiera que transite a diario por la zona, cruzarse con Alexander es encontrarse con la personificación del esfuerzo puro. Pese a vivir con una condición motora que le dificulta el andar con su pie izquierdo y una notable severidad para articular palabras, para él no existen excusas ni días libres cuando se trata de ganarse la vida de forma honrada.

Un hogar en San Vicente y la responsabilidad de un hijo
Detrás del vendedor que ofrece caramelos con una sonrisa sincera y un gesto noble, hay una historia de familia, sacrificio y entrega. Alexander, de 35 años de edad, reside en la popular comunidad de San Vicente, ubicada en la parroquia homónina, al oeste de la capital monaguense.
Desde allí emprende cada jornada un trayecto largo y exigente para llegar hasta el centro de la ciudad. No lo hace solo por él. Quienes lo conocen de cerca saben que sobre sus hombros carga una responsabilidad de amor: el cuidado de su madre, una señora de la tercera edad con quien vive.
Así lo atestigua José Urbina, transportista del sector y vecino de la comunidad de San Vicente, quien ha sido testigo presencial del esfuerzo diario del joven:
«Alex es un muchacho ejemplar. Vive solo con su viejita allá en San Vicente y sale desde muy temprano a buscar el diario. Todo lo que gana es para llevar la comida a su casa y comprar las medicinas o lo que haga falta para su mamá», enfatizó el chofer.
El gobernador y estudiantes le brindaron apoyo
Asimismo, el crecimiento de su pequeño emprendimiento ha sido fruto de la suma de voluntades y la solidaridad. Tiempo atrás, el gobernador del estado Monagas, Ernesto Luna, le brindó un valioso impulso institucional al hacerle entrega de una mesa, una sombrilla y mercancía para dignificar sus jornadas bajo el sol. A esta causa se unieron con entusiasmo estudiantes de Publicidad y Mercadeo del Instituto Universitario de Tecnología Industrial Rodolfo Loero Arismendi (IUTIRLA), quienes, en una estrecha alianza con comerciantes locales, no solo le donaron un cargamento de chucherías para surtir su puesto, sino que además impulsaron su presencia digital creando la cuenta de Instagram @chucheriavaldez, una ventana orientada a visibilizar su trabajo, conectar con la comunidad y multiplicar el respaldo hacia su lucha diaria.
Luis Romero, Sara Natera, Romina Hernández, Valeria Carrera y Grecia Meneses son los jóvenes que han dedicado horas de trabajo con un objetivo claro: crear una campaña integral de visibilización y movilización de recursos para mejorar la calidad de vida de Alexander y su madre.
“Alexander nos ha sorprendido con su personalidad alegre, animada y noble; estamos luchando para darle el apoyo que merece”, expresan con entusiasmo los universitarios.

Más que chucherías, una lección para Maturín
Alexander Valdez no se limita a vender caramelos en una esquina. Cada día que coloca su puesto cerca de la plaza El Indio, regala a los maturineses una lección inestimable de resiliencia y superación. Su ejemplo recuerda a la comunidad que los obstáculos se superan con trabajo, que la dignidad se construye a diario y que la empatía puede cambiar la realidad de una familia.
Para quienes deseen sumarse a esta cadena de apoyo, aportar mercancía o colaborar con el acondicionamiento de su puesto de trabajo, pueden ponerse en contacto con el equipo de voluntarios a través de la cuenta oficial en Instagram: @chucheriavaldez. Maturín tiene en Alexander a uno de sus mejores ciudadanos, y hoy la ciudad le devuelve en solidaridad un poco de la luz que él regala a diario.
Más allá de la mercancía que ofrece, la mayor contribución de Alexander a Maturín es el impacto silencioso que genera en su entorno. Para los dueños de negocios, empleados y vendedores de locales que hacen vida cerca del Terminal Interurbano, su rutina no pasa desapercibida: es su mayor fuente de inspiración. Verlo bailando con su sonrisa franca, superando el cansancio, enfrentando el clima y regalando ese entusiasmo a pesar de sus limitaciones físicas, transforma el ambiente de toda la zona. Su historia le recuerda a cada comerciante del sector el verdadero valor del trabajo digno. Apoyar a Alexander es, en última instancia, retribuirle un poco de la luz y el ejemplo con los que ilumina a Maturín cada día.
Fotos: Juan Carlos Goitia