En Venezuela, la pensión mensual para los adultos mayores sigue congelada en 130 bolívares. Al sumarse con el Bono de Guerra Económica de 70 dólares (indexado a la tasa oficial del BCV), el ingreso total equivale a 54.419,13 bolívares para este 20 de agosto.
Frente a esta realidad, pensionados y jubilados en Maturín aseguran que el monto es insuficiente para cubrir la canasta básica. A pesar de la severa pérdida del poder adquisitivo, muchos abuelos esperan el pago con ansias, ya que representa su única vía para estirar la compra de alimentos o costear una fracción de sus tratamientos médicos cotidianos.



Los testimonios recabados coinciden en que la constante devaluación de la moneda local asfixia el presupuesto familiar, ya que la fluctuación cambiaria pulveriza rápidamente cualquier poder de compra recién adquirido.
«Fui a comprar queso y vi cómo subió de 3.500 a 4.500 bolívares en solo una semana; el comerciante me advirtió que mañana amanecerá en 5.500. Con las medicinas pasa lo mismo: están carísimas y la pensión no alcanza. Nos vemos obligados a tomar una decisión imposible: comprar comida o comprar medicamentos, cuando ambos son vitales. Realmente el dinero no rinde», indicó Arnaldo Valdivieso, pensionado.
La precariedad económica obliga a los adultos mayores a depender del apoyo familiar o del empleo informal para subsistir. Esta situación desvirtúa el principio de retiro digno que, por derecho, debería garantizar el sistema de seguridad social.





«Le dedicamos la vida entera al trabajo y al país; entregamos todo nuestro esfuerzo, sangre y sudor. Sin embargo, hoy vemos que lo que el Estado nos retribuye no alcanza. Comprar un par de zapatos o adquirir comida, que cada día está más cara, se ha vuelto una tarea sumamente difícil», resalta Joseph Falzone, pensionado por Amor Mayor.
Además, la crisis de salud afecta gravemente a este sector vulnerable, donde el costo de los fármacos para patologías crónicas supera por completo el monto de las pensiones básicas.
«Esos 130 bolívares no alcanzan ni para un pasaje, menos para un café. El bono solo me da para comprar medicinas; aun así, mis hijas me tienen que dar una ayuda porque no me alcanza para nada más. No considero que esto sea justo», expresó la pensionada Iliana La Rosa.
Fotos/Juan Goitía