La Universidad de Oriente (UDO), núcleo Monagas, enfrenta una severa crisis de infraestructura: su matrícula de más de 7 mil estudiantes ha rebasado por completo la capacidad de las aulas. Ante la falta de asientos, decenas de jóvenes se ven obligados a deambular por los módulos en busca de un lugar o, en el peor de los casos, a ver sus clases de pie, apoyados en las ventanas o sentados en el piso.
A la escasez de mobiliario se suma el notable deterioro de los pupitres existentes. Los propios alumnos denuncian que la mayoría de las unidades de madera presentan fallas estructurales como piezas despegadas, asientos sueltos y roturas, lo que contrasta con los pocos asientos de plástico que aún resisten. Esta situación repercute directamente en la comodidad y en la calidad del proceso de aprendizaje.
Udistas afectados
Esta realidad se evidencia en la rutina diaria descrita por la estudiante Veruska Astudillo, quien relata cómo en una clase de Economía presenció que la excesiva cantidad de alumnos superaba por completo los asientos disponibles, obligando a muchos a resignarse a ver la materia de pie o en el suelo tras buscar fallidamente en otros salones.
En consonancia con esta situación, Diego Agostini, estudiante del área de Administración, enfatiza que este problema se ha agudizado debido al desbalance entre el pésimo estado del mobiliario de madera y el reciente ingreso de 1.600 nuevos alumnos, detallando que en secciones de hasta 40 estudiantes es habitual tener que ver clases de pie debido a que los asientos se desarman.
Finalmente, Yamir Marcano, también cursante de Administración, coincide en las maniobras que deben realizar entre aulas al final del pasillo, agregando un dato crítico: aunque recientemente la universidad fue dotada con 1.200 pupitres nuevos, esta cifra es totalmente insuficiente ante la magnitud de la población estudiantil actual.
Ante este panorama, la comunidad estudiantil hace un llamado urgente a las autoridades competentes para que ejecuten una dotación inmediata de mobiliario y reparen las unidades dañadas, garantizando así condiciones dignas para la educación.







Fotos | Juan Carlos Goitía