
La experiencia es un concepto que trasciende las palabras; se lleva en la piel y se cuenta a través de los años. Si buscamos una definición viviente de sabiduría, los abuelos son su mejor reflejo, guardando en cada arruga y en cada cana, una historia que el tiempo ha convertido en cátedra. Tal es el caso de Carmen Aquina Torrilla Martínez, quien a sus 110 años se erige como un símbolo inquebrantable de resiliencia y madurez en nuestra tierra.
Un nuevo nombre para una nueva vida
Un capítulo fascinante y poco difundido de su centenaria historia es la transformación de su identidad. Originalmente, fue presentada como Tomasa Aquina, un nombre que evocaba la figura del filósofo y teólogo santo Tomás de Aquino. No obstante, al establecerse en Punta de Mata, decidió reescribir su propio camino adoptando el nombre de Carmen Aquina. Bajo esta nueva identidad, la mujer que hoy es símbolo de Monagas, echó raíces definitivas, construyendo el hogar y el legado que hoy abraza a toda su descendencia.

Un siglo de trayectoria: De Sucre a Monagas
Nacida el 7 de marzo de 1916 en el pintoresco pueblo de Yaguaraparo, estado Sucre, su vida ha sido un viaje de constante adaptación. Aunque la brisa de Margarita la cobijó por algunos años, su destino definitivo estaba marcado por el suelo monaguense. Tras su etapa en Punta de Mata, se estableció junto a su hija Sonia en el sector Aves del Paraíso, en el municipio Maturín.
Esa tenacidad que la define, proviene de una estirpe profundamente ligada a la tierra y al mar; sus raíces se cimentaron en la nobleza de la agricultura y la pesca, oficios que marcaron su infancia y le enseñaron el valor del esfuerzo, sin embargo, doña Carmen decidió trazar su propio rumbo en el mundo del comercio, labor a la que se dedicó con éxito durante gran parte de su vida. Esta faceta como comerciante no solo le permitió ser el motor económico de su hogar, sino que también pulió esa agudeza mental y ese espíritu independiente que hoy, superando el siglo de vida, siguen siendo su mayor carta de presentación.
Poseedora de una salud que muchos describen ‘como un roble’, Doña Carmen desafió las adversidades con una voluntad inquebrantable. Su vida ha sido una jornada de entrega diaria para sacar adelante a su numerosa familia de 13 hijos; un esfuerzo que, con el paso de las décadas, ha florecido en una vasta estirpe que hoy cuenta con más de 28 nietos, quienes ven en ella su raíz más fuerte. Hija de un inmigrante español, en el que según relatos familiares, tuvo alrededor de 46 hijos, siendo Doña Carmen la mayor de toda la descendencia, marcando el inicio de una numerosa herencia familiar.
Vencer al tiempo con amor
Ver a Carmen hoy es comprender que la vejez no tiene por qué ser sinónimo de fragilidad. Su vida ha sido una lección de entrega y resistencia; ella no solo forjó el camino para las generaciones venideras de su descendencia, sino que logró una hazaña que pocos alcanzan: vencer al tiempo.

Mensaje para la juventud
A pesar de las barreras propias de su avanzada edad, que hoy le dificulta escuchar y procesar con claridad el entorno, Doña Carmen hizo un esfuerzo consciente para que su voz llegara a las nuevas generaciones. Con la lucidez que solo otorgan más de diez décadas de vivencias, compartió un mensaje cargado de ternura y realismo para la juventud actual. Su consejo fue directo y vital. “Que estudien, que trabajen”, cerrando con esa chispa de humor que la mantiene joven de espíritu al sugerirles, entre risas, “que se compren un carro, un carro primero, con eso pueden salir a trabajar”.
A sus 110 años, Doña Carmen Aquina no solo es la protagonista de su propia historia, sino un tesoro viviente de Maturín que nos recuerda que la vida, cuando se vive con propósito, es el regalo más grande de todos. Su extraordinaria longevidad la sitúa en un lugar de honor dentro de la geografía regional, pues, por su edad y lucidez, podría tratarse de la mujer más longeva de todo el estado Monagas. Esta distinción la convierte en un archivo histórico andante, un puente entre dos siglos que ha visto transformar a su tierra y que hoy, rodeada del respeto de su comunidad y el amor de su vasta descendencia, se consolida como un baluarte de identidad y un orgullo para todos sus vecinos que la ven sentada al frente de su casa para pasar las tardes calurosas de la ciudad.
Fotos: Juan Carlos Goitía
Tengo una tía que vive en la urbanización el faro de la zona industrial de maturin q tiene 108 años y está bien lúcida y activa. Me gustaría q la visitaran también. Ella tiene muchos cuentos y vivencias del estado.