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Del ahorro en bolívares a los electrodomésticos: Así sobrevive el susu

La práctica no solo sobrevive a la llegada de aplicaciones de crédito, sino que se ha sofisticado adoptando nuevas monedas

En las calles de Maturín, donde el ingenio financiero suele ir un paso adelante que la banca formal, el tradicional “susu” o “san” ha dejado de ser una simple alcancía vecinal, para convertirse en una compleja herramienta de capitalización.

En este 2026, la práctica no solo sobrevive a la llegada de aplicaciones de crédito como Cashea, sino que se ha sofisticado, adoptando nuevas monedas y objetivos de consumo.

La confianza: El único requisito de entrada

A diferencia de los protocolos bancarios, el susu se rige por un código de honor. Según Joana Figueredo, organizadora con amplia experiencia en la zona, el criterio fundamental para aceptar a alguien en estos grupos es, sin duda, la responsabilidad.

“Principalmente es que sea responsable. Al iniciar el susu tomamos en cuenta, más que todo, a personas que trabajan con nómina, como los docentes”, explica Figueredo, destacando que la estabilidad laboral es la garantía que sustituye al fiador.

De bolívares a divisas

La evolución del sistema ha ido a la par de la realidad monetaria del país. Lo que antes se manejaba estrictamente en bolívares, hoy es en divisas. Figueredo detalla que los grupos actuales se manejan mayoritariamente al dólar y a la tasa del Banco Central de Venezuela (BCV)

Sin embargo, la adaptación no se detiene ahí. “He escuchado de colegas que ya están conformando susus en euros, dependiendo del monto y la cantidad que se necesite”, revela la organizadora. Esta flexibilidad permite que el ahorro sea totalmente efectivo.

¿Por qué elegir el susu y no el banco?

Al comparar el “san” con los créditos bancarios, Figueredo señala que optar por el banco conlleva una serie de requisitos y gastos en documentos que muchas veces no garantizan la aprobación del préstamo.

“Es un gasto innecesario en papeles para que casi nunca te llamen. En cambio, en el susu ya tienes la expectativa de que vas a tomar el dinero”, afirma.

Además, destaca la versatilidad de las modalidades actuales, que pueden ser quincenales o mensuales, permitiendo que los participantes soliciten la “mano” (el turno de cobro) de acuerdo con su urgencia, ya sea para pagar la inicial de un electrodoméstico en Cashea, para cubrir una emergencia familiar o para iniciar un emprendimiento.

El susu y Cashea

Para este 2026, la percepción de que las apps de crédito desplazarían al ahorro tradicional ha quedado atrás. Según Figueredo, ambas modalidades están “apareadas a la situación”. Mientras algunos usan el San para adquirir electrodomésticos, otros lo ven como el complemento ideal para las nuevas plataformas digitales.

Pero sin duda, el factor humano sigue siendo el corazón de esta práctica. Al conversar con la señora Rogelia Aray, quien participa activamente en estos grupos, su conclusión es tajante. “El susu sigue siendo mi mejor opción para ahorrar”. Para ella, la disciplina de la cuota obligatoria y la ausencia de los intereses bancarios tradicionales hacen que, aún en la era digital, la palabra de sus vecinos sea su activo más valioso.

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