En el marco de su gira por el continente africano, el Papa León XIV encabezó este domingo una multitudinaria misa en el barrio de Kilamba, en la periferia de Luanda. Ante una marea de 100.000 fieles, el Sumo Pontífice lanzó un mensaje frontal contra la gestión de los recursos públicos y la falta de oportunidades para las nuevas generaciones en un país marcado por los contrastes.
La ceremonia tuvo lugar en un sitio cargado de simbolismo: una explanada rodeada por los bloques de edificios de Kilamba, una urbanización financiada por capital chino que ha sido tachada de «ciudad fantasma». A pesar de su infraestructura moderna, el excesivo costo de las viviendas la mantiene inaccesible para la mayoría de los angoleños, lo que sirvió de telón de fondo para la denuncia papal sobre la inequidad.
León XIV describió a Angola como un territorio «bellísimo pero lastimado», que aún arrastra las cicatrices de una cruenta guerra civil. En su homilía, el Papa no evitó los temas políticos y sociales:
«Es necesario que la lacra de la corrupción sea sanada por una nueva cultura de la justicia y el compartir. Solo así será posible un futuro de esperanza, especialmente para los jóvenes que la han perdido».
Radiografía del dolor y la riqueza
Pese a ser uno de los principales productores de petróleo, gas y diamantes en África, Angola presenta una realidad desgarradora: más del 40% de la población vive bajo el umbral de la pobreza, según datos del Banco Africano de Desarrollo. Esta brecha económica fue el eje del discurso de Robert Prevost (en representación de la Santa Sede), quien alternó el portugués para conectar con una audiencia que ve cómo los recursos nacionales, en palabras del Papa, son habitualmente «malgastados».
Desafíos para la fe africana
Con una población que se declara cristiana en un 90% (casi la mitad de ellos católicos), el Papa aprovechó para marcar la línea teológica de la Iglesia frente a las tradiciones locales.
- Superstición: Advirtió sobre el riesgo de mezclar la fe con elementos mágicos que «no ayudan en el camino espiritual».
- Rol de la Iglesia: Instó a la jerarquía eclesiástica y a los laicos a no ser meros espectadores, sino a «escuchar el lamento de sus hijos» y comprometerse con la compasión y el perdón mutuo.
Una Iglesia en expansión
El fervor vivido en Luanda —donde viven 3,7 millones de católicos— confirma el desplazamiento del eje de la Iglesia hacia el sur global. León XIV cerró su intervención pidiendo a los angoleños que no se dejen «paralizar por el desánimo» tras décadas de conflicto, instando a construir una nación donde el odio y la violencia sean finalmente superados por la fraternidad.
Vía Globovisión