El constante avance del dólar y la ampliación de la brecha cambiaria pulverizan el poder adquisitivo en Maturín. Abastecerse en los mercados y supermercados locales se ha vuelto una carrera contra reloj y contra la inflación, donde los presupuestos familiares se diluyen frente a una canasta básica cada vez más inalcanzable.
En los comercios, la marcación de precios no da tregua, golpeando directamente la mesa de los hogares. Entre la devaluación y la volatilidad cambiaria, alimentos esenciales como la carne, el pollo, los lácteos y los granos se han transformado en verdaderos lujos para la mayoría de los compradores.



El sector de la tercera edad es uno de los más vulnerables ante la crisis económica actual. Para poder subsistir, pensionados y jubilados se han visto obligados a cambiar por completo sus hábitos alimenticios, sustituyendo las proteínas por alimentos que rinden más.
«Cada día vivimos con más limitaciones para tener una buena calidad de vida. Hemos tenido que restringir el consumo de proteínas y optar por los carbohidratos. Esto nos afecta de forma particular a los pensionados y jubilados, grupo al que pertenezco», expresó Alcides Osorio, ciudadano de Maturín.
Para estirar sus ingresos, los consumidores van al mercado con listas estrictas y presupuestos cerrados; sin embargo, la devaluación constante reduce cada vez más lo que logran llevar a casa.


«Cuando salgo a comprar alimentos, primero me encomiendo a Dios y luego sigo una planificación estricta. De esa manera logro estirar el presupuesto, aunque ya no se compra lo justo; cada día rinde menos por efecto de la inflación», acotó Gustavo Guerra.
A pesar de la planificación previa y los esfuerzos por optimizar cada gasto, la inflación invalida con frecuencia los cálculos de los ciudadanos, quienes aseguran que surtir la lista completa de alimentos es una meta cada vez más inalcanzable.
En los abastos, ferias de hortalizas y grandes cadenas de supermercados de Maturín, se evidencian las caras de preocupación de la gente, que clama por estabilidad económica y por medidas que detengan el deterioro de su calidad de vida.
Fotos/Juan Goitía