El acelerado desarrollo de la inteligencia artificial representa una amenaza directa para las libertades fundamentales de la población global, según se dio a conocer tras una advertencia emitida este lunes por el alto comisionado de la Organización de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Volker Türk, quien señaló que libertades básicas como la vida, la salud, la privacidad, la seguridad y la alimentación se encuentran actualmente en riesgo.
El pronunciamiento del diplomático austríaco responde al acelerado avance de los nuevos modelos tecnológicos, los cuales representan un salto cualitativo hacia mayores riesgos existenciales en todos los ámbitos cotidianos, en un escenario donde incluso los mismos trabajadores de la industria tecnológica han instado a frenar el ritmo de estas herramientas.
El representante de las Naciones Unidas alertó sobre las fallas operativas de la denominada IA agéntica, sistemas avanzados con capacidad para tomar decisiones autónomas, cuyos errores podrían paralizar servicios básicos, desestabilizar infraestructuras críticas, alterar los sistemas de comunicación y vulnerar la institucionalidad democrática internacional.
«Poblaciones enteras podrían quedar sin acceso a agua, calefacción o servicios financieros», agregó el alto comisionado, quien aseguró que la IA «ya está acelerando el ritmo de las guerras, ampliando su alcance y erosionando las salvaguardias que se interponen entre nosotros y el lanzamiento de armas de destrucción masiva».
Las advertencias del jefe de derechos humanos de la ONU se producen después de que personalidades como Dario Amodei, consejero delegado de Anthropic; el director ejecutivo de OpenAI, Sam Altman; o el magnate Elon Musk reclamaran frenar deliberadamente el ritmo de desarrollo de los modelos de IA más avanzados frente a riesgos como la pérdida de control sobre los sistemas.
Según Türk, Estados y empresas deben movilizarse con urgencia a través de foros multilaterales para gobernar la IA sobre la base del derecho internacional y los derechos humanos.
«Ningún país puede gobernar esta tecnología por sí solo, ninguna empresa debería poder decidir por sí sola qué riesgos debe aceptar el mundo, y ninguna persona debería verse obligada a renunciar a sus derechos humanos a cambio de promesas de progreso tecnológico», resumió el alto comisionado austríaco.
Vía El Universal