El Día del Niño es una fecha para celebrar la inocencia, la alegría y, sobre todo, el motor que impulsa el futuro y los sueños. Detrás de cada sonrisa infantil hay metas grandes y un deseo genuino de transformar el mundo.
Para pulsar ese sentir, el equipo reporteril de La Prensa de Monagas conversó con los consentidos de la casa en Maturín, quienes compartieron sus anhelos, sus regalos ideales y sus mejores deseos para todos los niños venezolanos.

A sus 10 años, Robert Matías Quijada, quien prefiere ser llamado Matías para diferenciarse de su padre y abuelo, demostró una madurez sorprendente al dejar un mensaje de resiliencia.
«A los niños en su día les deseo que sean felices. En la vida cotidiana nunca te rindas, no está mal el que se cae, sino el que se cae y no se levanta», reflexionó Matías, cuyo sueño es convertirse en médico cirujano para salvar vidas. Como recompensa a su esfuerzo, confiesa que su regalo soñado sería un go-kart.

Por su parte, Antonella Roseto, de 8 años, visualiza su futuro en los medios de comunicación. Con gran elocuencia, deseó a todos los niños del país mucha salud y vida y un excelente día, mientras revelaba su profunda vocación. «Mi sueño es ser periodista para entrevistar a las personas y hacer reportajes». Para celebrar su día, Antonella espera recibir una muñeca.

El talento y la disciplina también forman parte de las aspiraciones de la infancia monaguense. Tiana Sánchez, de 10 años, ya da pasos firmes hacia su meta de ser jugadora profesional de voleibol. Práctica la disciplina desde hace 1 año y desde hace seis meses forma parte de un equipo municipal.
«A los niños les digo que la pasen muy bien y que luchen siempre por sus sueños», expresó la joven atleta.

Asimismo, Rihana Alejandra, de 8 años, envió una afectuosa felicitación a todos los niños de Venezuela en su día. Ella encuentra su pasión en las pasarelas y el diseño. «Quiero ser modelo para expresar el arte de esa manera», afirmó Rihana, quien comparte con Antonella la ilusión de recibir una muñeca como regalo ideal debido a su fascinación por ellas.
A través de sus testimonios, la infancia de Maturín deja claro que, más allá de los juguetes, el mejor regalo para el país es mantener viva la capacidad de soñar en grande.
Fotos / Gisbelis Cortez