El mercado municipal de Los Bloques, popularmente conocido como el «Mercado Nuevo» de Maturín, continúa siendo el epicentro de la actividad comercial de la ciudad; sin embargo, para los ciudadanos que lo frecuentan, la experiencia se ha transformado en un desafío logístico y económico ya que los compradores reportan que los precios de los alimentos se encuentran en niveles «altos», obligándolos a reducir drásticamente el volumen de sus compras.
Durante un recorrido por las instalaciones, se pudo constatar que productos esenciales como las proteínas y las hortalizas presentan variaciones constantes, lo que impide que el presupuesto familiar rinda como en tiempos anteriores. La falta de poder adquisitivo es el denominador común entre los consultados, quienes aseguran que incluso sumas que antes parecían significativas ahora resultan insuficientes para cubrir una canasta básica mínima.





«Todo está caro, ahorita 100 dólares no le alcanza a uno para nada. Tú lo que compras es la verdurita, el aliñito, porque no te alcanza nada ni para comprarte un pollo o un bistec», señaló Roxma Martínez.
La situación es especialmente grave para los sectores más vulnerables, como los trabajadores del sector público y los pensionados. La disparidad entre los ingresos mensuales y el costo de la vida ha generado un sentimiento de desesperación, especialmente entre las madres de familia que deben buscar alternativas creativas para garantizar la alimentación en sus hogares.
«Esto es un desastre, soy docente jubilada y a los jubilados nos tienen por el suelo. Uno tiene que ver cómo hace aquí y allá para poder comprar porque esto está súper caro. Hoy compré solo medio kilo de cebolla, papa y queso, pero me falta lo principal que es el pollo o la carne», explicó la señora Ana Rivero.





Además de los altos costos, los usuarios denuncian una falta de uniformidad en los precios entre los distintos puestos del mercado. Esta realidad obliga a los consumidores a invertir largas horas recorriendo el recinto para encontrar pequeñas diferencias que favorezcan su bolsillo, una práctica que se ha vuelto rutinaria para los habitantes de Monagas.
«Los precios están sumamente elevados. Uno dice que están caros porque no tiene real para comprar, porque cuando uno tiene dinero nada le parece caro. No hay poder adquisitivo y las madres estamos desesperadas, afirmó Juana Álvarez.
A pesar de las dificultades, el Mercado Nuevo sigue recibiendo a cientos de personas que, entre «aliñitos» y «huesitos para el caldo», intentan sortear la situación económica que golpea el plato de los maturineses.
Fotos | Juan Goitía