Hijo de Isnotú, médico formado en Caracas y París, pionero de la ciencia venezolana y hombre de fe profunda: así fue la vida del primer santo de Venezuela, canonizado el 19 de octubre de 2025.
José Gregorio Hernández Cisneros nació el 26 de octubre de 1864 en Isnotú, un pequeño poblado del estado Trujillo, en los Andes venezolanos. Fue el primogénito del comerciante Benigno Hernández y de Josefa Antonia Cisneros, una familia modesta y de marcados valores religiosos. Desde niño destacó por su conducta intachable y su excelencia académica, rasgos que lo acompañarían toda la vida. Con el tiempo se convertiría en una de las mentes más brillantes y en una de las figuras más queridas de la historia del país.
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Formación en Europa
Aunque sus allegados le sugirieron quedarse en la capital tras graduarse de la UCV, José Gregorio decidió regresar a su región natal para atender a las poblaciones más desfavorecidas. Entre agosto de 1888 y abril de 1889 ejerció la medicina rural a lo largo de Trujillo, Mérida y Táchira.
Más tarde, recomendado ante el presidente Juan Pablo Rojas Paúl, obtuvo una beca para perfeccionar sus estudios en París (Francia). De regreso en Venezuela, introdujo el primer laboratorio científico del país y emprendió una apasionada labor docente e investigadora, dejando un legado sin precedentes que incluyó la publicación de textos pioneros sobre bacteriología y filosofía.

El científico y el maestro
Regresó al país en 1891 y emprendió una intensa labor docente e investigadora en la UCV. Fundó las cátedras de histología, fisiología experimental y bacteriología. Creó el primer laboratorio de fisiología experimental del país e introdujo el uso del microscopio en la enseñanza médica. Escribió el primer texto sobre bacteriología publicado en Venezuela y, años más tarde, un tratado de filosofía.
Por estos aportes se le considera uno de los pioneros de la medicina científica en Venezuela. Su vida unió el rigor del investigador con una fe que nunca vio en contradicción con la ciencia.

El médico de La Pastora
Desde 1909 tuvo su residencia y su consultorio en la parroquia caraqueña de La Pastora. Allí construyó la fama que lo acompaña hasta hoy. Atendía gratuitamente a quienes no podían pagar y con frecuencia les daba dinero para sus medicinas. Entre sus pacientes hubo presidentes y ministros, pero nunca buscó privilegios. Trataba a todos con la misma ética, calidad humana y profesionalismo, y mostraba una especial cercanía con los enfermos de menos recursos.
Era, además, un hombre de vasta cultura. Hablaba español, francés, alemán, inglés e italiano, y le apasionaban la música y la filosofía. En su juventud disfrutó de las retretas y los bailes de la época, un rasgo que revela a un hombre cercano, lejos de la imagen solemne que a veces se le atribuye.
Una vocación religiosa que no pudo ser
Hombre de profundas convicciones católicas, intentó dos veces consagrar su vida al sacerdocio en Europa. En 1908 ingresó en la Cartuja de Farneta, en Italia, y en 1913 en el Colegio Pío Latinoamericano de Roma. Problemas de salud y el estallido de la Primera Guerra Mundial lo obligaron a regresar a Caracas. Allí continuó ejerciendo la medicina y la docencia, convencido de que también desde la consulta podía servir a Dios.

La muerte en la esquina de Amadores
El domingo 29 de junio de 1919, después de cumplir con sus deberes religiosos y médicos habituales, José Gregorio Hernández fue atropellado por un automóvil en la esquina de Amadores, en La Pastora. Tenía 54 años. El golpe contra la acera le causó una fractura de cráneo y murió de forma instantánea.
La noticia conmocionó al país. Decenas de miles de personas se congregaron para despedir a quien consideraban un baluarte de la ciencia y de la patria. Desde entonces su tumba en el Cementerio General del Sur se convirtió en lugar de peregrinación. En 1975 sus restos fueron trasladados a la iglesia de Nuestra Señora de La Candelaria, en el centro de Caracas, donde reposan hoy.
Del fervor popular a los altares
El afecto del pueblo lo bautizó como «el médico de los pobres» y llevó su estampa por toda Venezuela y América Latina. La Iglesia venezolana inició su causa de canonización en 1949. En 1972 fue declarado Siervo de Dios y en 1986, Venerable.
En 2021 fue beatificado, tras el reconocimiento del milagro concedido a Yaxury Solórzano, una niña de Guárico que sobrevivió en 2017 a un disparo en la cabeza. El 25 de febrero de 2025, el papa Francisco aprobó su canonización. El 19 de octubre de ese año, el papa León XIV lo proclamó santo en la Plaza de San Pedro. Se convirtió así en el primer santo de Venezuela, junto a la Madre Carmen Rendiles.
Un ícono que pasa de generación en generación
Con su tradicional traje oscuro y sombrero negro, o con su bata de médico, la figura de José Gregorio Hernández ocupa un lugar en el altar de miles de hogares en Venezuela y América Latina. Fue médico, científico y educador, y su vocación de servicio hacia los más vulnerables convirtió su imagen en un símbolo de fe y respeto que se transmite de padres a hijos.
Vía Globovisión