El famoso arquero de la selección de Cabo Verde en el Mundial 2026, Vozinha admitió que la fama que le trajo aquel gran torneo de fútbol le cambió la vida de una manera que no pidió y que, si pudiera elegir, la rechazaría.
“Si me ofrecieran la vida que tengo hoy o la vida que tenía antes, elegiría la que tenía antes”, le dijo Vozinha a The Observer el guardameta de Cabo Verde.
Antes de que los Tiburones Azules empataran 0-0 con España en su debut mundialista —un resultado que catapultó al arquero a la fama global—, la cuenta de Instagram de Vozinha tenía 56.000 seguidores. Cuando terminó ese partido, ya superaba el millón.
La emisora brasileña CazéTV, que tenía los derechos de transmisión del torneo, alentó a su público a seguirlo en redes sociales y desató una reacción en cadena que el propio portero no tardó en notar de una forma muy concreta.
“Un miembro del personal de catering del equipo se me acercó y me dijo que tenía un millón de seguidores”, recordó. “No tenía idea de qué me estaba hablando. Pensé que estaba bromeando, pero insistió. Más tarde, fui a hacer algunas entrevistas en la zona mixta y una periodista de CazéTV me preguntó si sabía lo que estaba pasando. Me mostró su teléfono y fue entonces cuando vi que tenía más de un millón de seguidores”.
La paz que se fue con la fama
Lo que siguió no fue una celebración, sino una adaptación forzada. Vozinha tomó la decisión de apagar las notificaciones de Instagram para no caer en la tentación de controlar cada nuevo seguidor, aunque sus amigos se encargaban de actualizarlo con quién había sumado al seguimiento. Pero el impacto más profundo llegó fuera de las pantallas.
“He perdido mi paz y tranquilidad”, señaló. “Ya no tengo privacidad, o al menos mucho menos de la que tenía. Ahora salgo, voy a un restaurante, y siempre hay alguien que quiere sacarse una foto conmigo o me pide un autógrafo. O, peor, alguien me está filmando. Eso es lo que más ha cambiado en mi vida, y no creo que pueda hacer nada al respecto”, añadió.
La situación también alcanzó a su familia en Cabo Verde. Su madre —a quien describió como alguien que tiene dificultades para decirle que no a nadie— recibe hinchas en su casa todos los días, ya sea en busca de una fotografía o simplemente con ganas de conversar. Su padre, de carácter más reservado, optó por mantener distancia. “No estoy allí, así que no puedo ayudarlos”, reconoció el arquero. “Tienen que aprender a vivir con la situación y a poner límites”, sumó.
Vía Notitarde