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Sede sur de la UPEL en Maturín continúa siendo el blanco para los delincuentes

Los 200 estudiantes que hacen vida en esta sede sur de la Upel aseguran sentirse con miedo ante estos robos

La Universidad Pedagógica Experimental Libertador del municipio Maturín, específicamente la que está ubicada al sur, nuevamente fue víctima de hurto. Los estudiantes reportaron que los delincuentes continúan llevándose “lo último que queda” en esta casa de estudios.

El incidente más reciente ocurrió el pasado lunes, cuando sujetos desconocidos ingresaron a las áreas de Secretaría y de Ambientalismo. Según los testimonios de los mismos estudiantes, el nivel de vandalismo ha llegado a extremos alarmantes, afectando incluso los insumos más básicos de mantenimiento.

«Esta vez se llevaron una cartelera, un machete también una escoba, ha sido tanto el grado de vandalismo en los últimos tiempos que se llevaron hasta las escobas», declaró Yoxel Gil, representante del movimiento estudiantil Suma Meritum y secretario de Cultura y Deporte de la institución.

Inconformidad con las investigaciones policiales

Gil señaló que tras el robo, comisiones del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (CICPC) hicieron acto de presencia junto al decano Robins Ascanio para realizar las experticias de rigor. Sin embargo, la comunidad estudiantil insiste en que las investigaciones posteriores no son suficientes si no se garantiza una vigilancia permanente, especialmente en horas de la tarde.

«Pedimos a los órganos competentes y gubernamentales que nos presten el apoyo y la seguridad. A partir de horas de la tarde vienen a tratar de llevarse material estratégico como hierro y plástico para venderlo», advirtió el dirigente estudiantil.

La situación de infraestructura en la sede sur es grave, los estudiantes denuncian que los salones carecen de unidades de aire acondicionado, ventiladores e incluso escritorios, lo que los obliga a ver clases en condiciones precarias.

Temor e incertidumbre

Esta sede alberga principalmente a las especialidades de Educación Física, Informática e Inglés, sumando una matrícula de aproximadamente 200 alumnos que hacen vida en estas instalaciones.

«Nos sentimos trabajando con las manos, con lo poco que se puede. Tenemos miedo de estar viendo clase y ser víctimas de la delincuencia para que nos quiten nuestras pertenencias que con tanto sacrificio hemos obtenido», concluyó Gil.

Fotos/Juan Goitía y Anselmo Sanchez (pasante)

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