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Ruta Gastronómica llega a Morichal para resaltar sus tradiciones

Esta fusión permitió documentar y valorar las costumbres alimentarias de la comunidad, respetando sus ciclos y su cultura de subsistencia

En las profundidades del río Morichal Largo, el aroma a leña y especias marcó el inicio de algo más que un almuerzo: fue un intercambio de saberes. El pasado 29 de marzo, la cocina salió de las paredes convencionales para encontrarse con la comunidad indígena de Morichal, logrando una jornada donde la gastronomía sirvió como puente de hermandad.

El Cuajao: Identidad de agua dulce

Bajo la luz de la Semana Santa, el reto fue ambicioso: reinterpretar el icónico cuajao oriental utilizando exclusivamente la despensa que ofrece la zona. En un ejercicio de respeto por el entorno, los cocineros fusionaron la técnica tradicional con las proteínas que han sustentado a esta etnia por siglos.

El resultado fue un plato único elaborado con:

  • Ingredientes de la selva: Proteínas autóctonas como la baba, el chigüire y el venado.
  • La base criolla: Más de 120 huevos, 10 kilos de papa y tres docenas de plátanos maduros, complementados con el infaltable cazón.

Esta fusión permitió documentar y valorar las costumbres alimentarias de la comunidad, respetando sus ciclos y su cultura de subsistencia.

Una mesa para todos

Más allá del fogón, la jornada, organizada por Martín Machado, propietario del Restaurant Criollo y el equipo de gastronomía de nuestra tierra, tuvo un impacto humano profundo. La actividad se tradujo en más de 350 platos servidos, entre arroz con pollo y el cuajao especial, beneficiando principalmente a niños y adultos mayores de la etnia local.

El encuentro estuvo acompañado por instituciones de derechos humanos que velaron por un ambiente de respeto y reconocimiento a las tradiciones indígenas, permitiendo que la convivencia fluyera de forma natural entre charlas y risas.

Destreza en el agua y la tierra

La celebración no terminó en el plato. El río y sus riberas se convirtieron en el escenario de competencias tradicionales que demostraron la fuerza de los habitantes de la zona:

  • Regatas en canoa y natación de velocidad en la corriente del río.
  • Pruebas de fuerza, donde participaron equipos masculinos y femeninos de todas las edades.

La verdadera recompensa

El impacto de este día quedó plasmado en la mirada de los protagonistas. Ver a más de 200 niños compartir una mesa común bajo la sombra de los morichales es un recordatorio de que la cocina tiene el poder de sanar y unir.

Esta jornada en Morichal Largo no fue un evento aislado, sino la prueba de que cuando el talento culinario y el compromiso social se encuentran, la esperanza tiene sabor a hogar.

Fotos Cortesía

Roxiry Montilla

Licenciada en Comunicación Social, mención periodismo impreso. Egresada de la Universidad Rafael Belloso Chacín (URBE) CNP 21.554

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