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La angustia psicológica puede dañar tu trabajo y estudios, advierte la APA

Psychology Today explicó que identificar el tipo de angustia permite elegir estrategias efectivas de tratamiento

La angustia psicológica se puede presentar de distintas formas y se diferencia de las emociones, producto de su carácter difuso, persistente y envolvente. Los especialistas indican que hay distintos tipos y cada uno se puede llegar a reconocer.

El malestar generado por la angustia psicológica impregna la vida cotidiana, llegando a afectar el pensamiento, el cuerpo y las relaciones. La Asociación Psicológica Americana (APA) insiste en que podría dañar el desempeño laboral y académico.

Ante este escenario, Psychology Today explicó que identificar el tipo de angustia permite elegir estrategias efectivas de tratamiento. Para ello, es vuelve crucial distinguir sus señales y características.

TIPOS DE ANGUSTIA

  • Anticipatorio: este tipo de angustia surge cuando la mente imagina peligros futuros que, hasta el momento, son inexistentes. Se suele manifestar como tensión muscular, insomnio y agotamiento, limitando la toma de decisión.
  • Existencial: se trata de cuestionamientos profundos sobre el sentido de la vida, muerte y las propias elecciones. Se suele manifestar en momentos de crisis vitales, como pueden ser cambios de etapa, pérdida e incertidumbre.
  • Social: la angustia está enfocada en el temor a ser juzgado, rechazado o evaluado en situaciones públicas. En tal sentido, las personas suelen analizar en exceso sus gestos y palabras, generando inseguridad y rechazo a las interacciones sociales.
  • Somática: se manifiesta con síntomas físicos, destacando la presión en el pecho, dificultad para respirar, palpitaciones o agotamiento. Aunque el origen es psicológico, las personas buscan generalmente explicaciones médicas.
  • Culpa: este tipo de angustia se presenta por la percepción de haber traicionado los valores personales o sociales. Si se transforma en un autocastigo constante, podría generar ansiedad o depresión.
  • Traumática: surge de experiencias como accidentes, pérdidas graves o situaciones violentas. Ante esta angustia, el sistema nervioso responde a recuerdos de amenazas reales, provocando hipervigilancia, bloqueos emocionales o pesadillas.
  • Difusa: esta angustia surge sin una causa aparente, de manera que se caracteriza por una sesión de malestar sin un motivo claro. Generalmente, está asociada con tensiones menores, soledad o insatisfacción.

Vía Caraota Digital

Noelis Idrogo

Periodista en La Prensa de Monagas

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