Carlos Miguel Colmenares, un niño venezolano de 12 años, relató la brillante estrategia de supervivencia que le permitió mantenerse con vida durante cinco días bajo las toneladas de concreto del edificio La Estrella. La estructura de nueve plantas, ubicada en la parroquia Macuto, se desplomó por completo tras los potentes sismos que azotaron al país y que golpearon con fuerza al estado costero de La Guaira, actualmente declarado zona de desastre.
Desde una cama en el Hospital de Clínicas Caracas, donde se recupera satisfactoriamente, el adolescente describió los angustiantes momentos que vivió desde el colapso hasta su milagroso rescate, el cual fue ejecutado la noche del pasado lunes por misiones humanitarias de República Dominicana y Ecuador.
Un «mapa mental» a oscuras
El joven sobreviviente detalló que la rapidez de sus acciones fue crucial apenas comenzó el movimiento telúrico:
“Todo empezó a moverse violentamente, veía las luces tambaleando. Pensé lo más rápido que pude y me escondí debajo de una mesa”, narró Carlos Miguel.
Al quedar completamente atrapado y a oscuras, el menor utilizó las herramientas a su alcance para asegurar su supervivencia:
- Reconocimiento del espacio: Encendió la linterna de su teléfono celular para inspeccionar el entorno antes de que se agotara la batería. Con ello diseñó un mapa mental de los objetos atrapados junto a él («aquí la pared, aquí el mueble, aquí la nevera»).
- Racionamiento de energía: Para evitar que su cuerpo sufriera entumecimiento o colapsara, alternaba la postura entre estar medio recostado y boca arriba. Además, colocó un vaso de plástico bajo su cabeza para proteger la nuca.
- Mitigación de la sed: Ante la falta de agua potable, el adolescente ingirió pequeñas cantidades de salsa picante, que fue lo único que halló a su alcance, para estimular la salivación y saciar temporalmente la sed.
«Me quedaba quieto viendo la nada para ahorrar energía»
A pesar de perder la noción del tiempo y encontrarse en una oscuridad absoluta, el menor nunca se dejó vencer por el pánico. “Cuando abría los ojos era como si los tuviera cerrados. Era desesperante, pero me pude controlar y no gasté más energía”, afirmó.
Tras gritar por ayuda durante horas y cuando empezaba a sentir el cansancio extremo, los equipos de rescate internacionales lograron escuchar sus llamados. De inmediato, se activaron los protocolos de extracción selectiva en la estructura colapsada.
La delicada operación concluyó con éxito cuando Carlos Miguel fue extraído en camilla entre los aplausos de los socorristas y la profunda conmoción de su padre. “Estaba feliz de ver a mi papá”, concluyó el joven, cuyo testimonio ya se erige como el mayor símbolo de resiliencia de esta catástrofe.
Con información de Primicia